|
Fuera de éstas, había otras muchas causas, por las que se
conservaba entre nosotros invariable, y constante esta uniformidad.
Ninguno de los dos podía vanagloriarse sobre el otro por la nobleza de
su patria; ni a mí me sobraban conveniencias, ni él se veía acosado
de una extremada pobreza; sino que a la proporción de nuestros haberes
correspondía la uniformidad de nuestras voluntades; era igualmente
honrada nuestra familia. Finalmente, no había cosa que no conspirase
a formar la unión estrecha de nuestros ánimos.
|
|