CAPÍTULO II

Fuera de éstas, había otras muchas causas, por las que se conservaba entre nosotros invariable, y constante esta uniformidad. Ninguno de los dos podía vanagloriarse sobre el otro por la nobleza de su patria; ni a mí me sobraban conveniencias, ni él se veía acosado de una extremada pobreza; sino que a la proporción de nuestros haberes correspondía la uniformidad de nuestras voluntades; era igualmente honrada nuestra familia. Finalmente, no había cosa que no conspirase a formar la unión estrecha de nuestros ánimos.




[ Capítulo Anterior ]
[ Retorna al Indice ]
[ Capítulo Seguiente ]