|
Sin embargo, siendo él de una índole muy buena, y haciendo gran
aprecio de mi amistad, abandonó la compañía de todos los otros, por
pasar en la mía todo el tiempo. Esto es lo que ya mucho tiempo antes
vivamente había deseado, pero por mi desidia, como dije, habían
quedado burlados sus deseos. ¿Cómo podía yo, asistiendo
continuamente a los tribunales, y andando a caza de diversiones en el
teatro, tener gusto en conversar familiarmente con aquél, cuyo
pensamiento estaba fijo sobre los libros, y que no se dejaba ver jamás
en público? De aquí es, que habiendo estado hasta entonces
separados, luego que me admitió al mismo género, y método de vida,
sin perder un instante de tiempo, me descubrió aquel deseo, que muy
anticipadamente había concebido: y no apartándose de mi lado ni una
brevísima parte del día, me exhortaba sin cesar, a que dejando cada
uno su casa particular, eligiésemos una habitación común. Llegó a
persuadirme, y quedamos determinados a ponerlo ya en ejecución.
|
|