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Al presente no es mi ánimo altercar contigo sobre este punto. Te
pido sí, que uses conmigo de igual sinceridad, cuando yo quiera hacer
memoria de alguna de las cosas buenas que en ti se hallan; porque
aunque tú pretendas redarguirme de que falto a la verdad, no me
detendré en demostrar, que tú más hablas así por modestia que por
hacerla obsequio: y para confirmación de lo dicho, no me valdré de
otro testimonio, que del de tus mismas palabras y de tus hechos.
Quiero, en primer lugar, que me respondas a esto: ¿sabes bien cuál
es la fuerza del amor? Cristo, dejando a un lado todos los milagros
que debían ser obrados por los apóstoles dijo:
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"En esto
conocerán los hombres, que vosotros sois mis discípulos, en que os
amáis mutuamente".
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Y Pablo dice:
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"Que el cumplimiento de
la ley es el amor",
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y que faltando éste, son inútiles todos los
dones de Dios. Este singular bien, este distintivo de los
discípulos de Cristo, y que se pone sobre todos los dones divinos,
lo he visto fuertemente plantado en tu alma, y brotar frutos muy
copiosos.
Yo confieso, respondió Basilio, que no es pequeño el cuidado que
tengo sobre este punto; y confieso también, que pongo la mayor
atención en este mandamiento; pero que yo, ni aun la mitad de él
haya cumplido, tú mismo podrás ser buen testigo, si dejando a un
lado toda lisonja, quisieres hacer honor a la verdad.
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