|
Juan: Yo ya, respondí, me apresuraba a llegar a esto; porque
concluido el discurso por lo que pertenece a ti, fácilmente me
volveré también a esta parte de defensa. ¿Qué es, pues, en lo
que estos nos acusan, y cuáles son los delitos?
Basilio: Dicen que nosotros los hemos injuriado, y que han recibido
un ultraje muy grave, porque no hemos aceptado la honra que nos han
querido hacer.
Juan: Pues yo, lo primero que digo, es, que no se debe hacer caso
de la injuria que resulta a los hombres, cuando por conservarles el
honor, nos vemos obligados a ofender a Dios.
Ni puedo tampoco creer, que puedan, sin peligro, indignarse los que
llevan esto mal; antes bien estoy persuadido, que encierra en sí un
gravísimo daño: Porque aquéllos que están dedicados a Dios, y
que miran a él solo en todas sus acciones, deben estar tan
religiosamente dispuestos, que no cuenten por injuria una cosa de esta
clase; y esto, aunque mil veces fueran ultrajados. Pero que yo, ni
aun por pensamiento, haya tenido semejante atrevimiento, lo puedes
conocer de lo que diré: Si yo por soberbia, o por vanagloria (de lo
que tú has dicho, que con frecuencia nos calumnian muchos), hubiera
venido a esto, sería, sintiendo con mis acusadores, uno de los que
hubieran faltado más gravemente, por haber despreciado a unos varones
grandes, y admirables, y sobre todo nuestros bienhechores. Y si es
digno de castigo el ofender a aquél que no te ha ofendido, ¿cuánta
pena merecerá el corresponder con obras contrarias, a los que por sí
mismos se movieron a honrarnos? ni alegue alguno, que por haber
recibido de mí algún beneficio, o grande o pequeño, han querido
premiar este servicio.
Ni aun en tiempo alguno nos ha pasado semejante cosa por el
pensamiento; antes bien, hemos huido tan grave carga por otro fin muy
diverso; ¿por qué, ya que no nos perdonan, no quieren aprobar mi
hecho? sino que nos acusan de que hemos mirado por nuestra alma.
Yo, pues, he estado tan distante de injuriar a tales varones, que
por el contrario, estoy por decir, que han recibido de mí un gran
honor, con rehusar el que me hacían; y no te admires, si te parece
alguna paradoja lo que digo: oirás muy prontamente la razón de todo
esto.
En este caso, ya que no todos, a lo menos, algunos que encuentran su
gusto en maldecir, hubieran tenido ocasión de sospechar y de hablar
muchas cosas de mi, que era el ordenado, y también de los que me
habían elegido. Dirían, que atendiendo a las riquezas, y admirando
la nobleza de la cuna, y lisonjeados por mí, me habían promovido a
este grado; y no me atrevo a asegurar, si se hallaría tal vez
alguno, que sospechase haber sido inducidos por dinero. Cristo,
añadirían, ha llamado a esta dignidad pescadores, artífices de
tiendas, y publicanos; pero estos no se dignan admitir a los que se
mantienen con su trabajo cotidiano: y si encuentran alguno que se haya
aplicado a las letras humanas, y que pase en ocio toda la vida, a este
alaban, y a este admiran. ¿Por qué, pues, desprecian a los que
han sufrido innumerables sudores en utilidad de la Iglesia, y en un
punto han elevado a semejante honor, al que ni aun ligeramente ha
gustado jamás alguno de estos trabajos, sino que ha gastado toda su
vida en la vana aplicación a las ciencias profanas?
|
|