|
Estas, y otras muchas cosas hubieran podido decir, si hubiéramos
admitido esta dignidad, pero no al presente; pues con esto se les ha
cortado todo pretexto de maldecir. Ni pueden acusarme de adulación,
ni tampoco a aquéllos de haber recibido regalos, sino es que haya
algunos, que voluntariamente quieran dar en semejante manía. ¿Cómo
puede componerse, que el que sigue la adulación, y gasta el dinero
por llegar a un puesto de honor cuando está a punto de conseguirlo, lo
ceda a los otros? Esto sería lo mismo, que si un hombre después de
haber tolerado muchos trabajos en cultivar la tierra, para que la mies
viniese cargada de mucho fruto y el vino rebosase en los lagares
después de innumerables fatigas y excesivo gasto de dineros; cuando
llegase el tiempo de segar, y de recoger la uva, dejase a los otros la
cosecha de los frutos.
¿Ves como en este caso, aunque sus discursos fueran muy distantes de
la verdad, con todo quedaba algún pretexto a los que quisieran
calumniarlos de haber hecho la elección sin un recto discernimiento de
razón? pero ahora no les hemos dejado lugar para respirar, ni aun
para abrir simplemente la boca.
Estas, y aun otras cosas mucho mayores hubieran dicho en el
principio; pero después de haber comenzado a ejercitar el ministerio,
no hubiéramos bastado a defendernos cada día de los acusadores; y
esto, aunque en todo nos hubiéramos portado irreprensiblemente,
¿qué sería cuando por la poca experiencia, y por la corta edad nos
hubiéramos visto obligados a errar en muchas cosas?
En nuestro caso los hemos librado de este cargo; y en el otro, los
hubiéramos expuesto a innumerables oprobios. Quién en tal caso no
hubiera dicho: han fiado a muchachos sin juicio cosas grandes, y
maravillosas; han destruido el rebaño de Dios. ¿Las cosas de los
cristianos, se han convertido en juegos de niños, y en irrisión?
Pero ahora toda la iniquidad cerrará su boca. Y si por lo que
toca a ti dijeren todas estas cosas, prontamente los harás conocer por
las obras, que ni la prudencia se mide por la edad, ni se hace prueba
por las canas de la vejez; ni se debe apartar enteramente al joven de
tal ministerio, sino sólo al que es neófito, habiendo entre uno y
otro grandísima diferencia.
|
|