|
Si después dicen que hemos hecho esto, atendiendo a la gloria, se
manifestarán repugnantes, y que se contradicen a sí mismos. A la
verdad, yo no sé qué otras razones más eficaces que estas podrían
alegar, si quisieran defendernos de ser acusados de vanagloria.
Si hubiera entrado en mi ánimo semejante deseo, debía yo antes
haberlo aceptado, que rehusado; ¿y por qué? porque de esto me
hubiera resultado mucha gloria. Porque hallándome en tal edad, y que
hace poco aparté de mí los pensamientos del siglo, si de repente
hubiera comparecido para con todos tan admirable, que pudiese ser
preferido a los que han consumido toda su vida en tan grandes fatigas,
y hubiese tenido más votos que ellos, ¿no hubiera sido ésta una
cosa, que a todos los hubiera movido a pensar, que en mí se hallaban
prerrogativas tan grandes y admirables, y que me hubiera granjeado el
respeto, y veneración de todos? Pero ahora, a excepción de algunos
pocos, la mayor parte de la Iglesia no me conoce, ni aun por el
nombre; de modo, que no todos saben, sino algunos pocos, que yo lo
haya rehusado; y de estos, no creo que todos sepan la verdad del
hecho. Y aun es verosímil, que muchos se persuadirán, que, o no
hemos sido elegidos, o que después de la elección, se nos ha
removido por habernos juzgado incapaces, y no que voluntariamente nos
hemos retirado.
|
|