CAPÍTULO II

Si después dicen que hemos hecho esto, atendiendo a la gloria, se manifestarán repugnantes, y que se contradicen a sí mismos. A la verdad, yo no sé qué otras razones más eficaces que estas podrían alegar, si quisieran defendernos de ser acusados de vanagloria.

Si hubiera entrado en mi ánimo semejante deseo, debía yo antes haberlo aceptado, que rehusado; ¿y por qué? porque de esto me hubiera resultado mucha gloria. Porque hallándome en tal edad, y que hace poco aparté de mí los pensamientos del siglo, si de repente hubiera comparecido para con todos tan admirable, que pudiese ser preferido a los que han consumido toda su vida en tan grandes fatigas, y hubiese tenido más votos que ellos, ¿no hubiera sido ésta una cosa, que a todos los hubiera movido a pensar, que en mí se hallaban prerrogativas tan grandes y admirables, y que me hubiera granjeado el respeto, y veneración de todos? Pero ahora, a excepción de algunos pocos, la mayor parte de la Iglesia no me conoce, ni aun por el nombre; de modo, que no todos saben, sino algunos pocos, que yo lo haya rehusado; y de estos, no creo que todos sepan la verdad del hecho. Y aun es verosímil, que muchos se persuadirán, que, o no hemos sido elegidos, o que después de la elección, se nos ha removido por habernos juzgado incapaces, y no que voluntariamente nos hemos retirado.




[ Capítulo Anterior ]
[ Retorna al Indice ]
[ Capítulo Seguiente ]