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Basilio: Bien está esto: pero aquéllos que están informados de la
verdad, no podrán menos de admirarse.
Juan: Pero estos, tú decías, que nos acusaban de vanagloria, y
de soberbia. ¿De dónde, pues, podemos prometernos alabanzas?
¿del vulgo? éste no sabe bien la verdad del hecho. ¿De algunos
pocos? pero aun en este caso nos ha salido todo al contrario. Ni tú
por otro motivo has entrado en este discurso, sino por saber qué
podríamos responder a éstos. ¿Mas por qué trato estas cosas con
tanta sutileza? Aunque todos supiesen la verdad, quiero que esperes
un poco, y que conozcas claramente, que ni aun así debíamos ser
condenados de soberbia, o de vanagloria.
Fuera de esto, verás también claramente, que no es pequeño el
peligro que amenaza, no sólo a los que tengan semejante atrevimiento,
si es que se encuentra alguno, que no me lo puedo persuadir, sino
también a los que tienen esta sospecha de los otros.
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