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Ninguno amó más a Cristo que San Pablo, ninguno dio muestras de
mayor cuidado que él, ninguno fue hecho digno de mayor gracia. Con
todo, después de tantas prerrogativas, teme aún y tiembla por esta
potestad y por aquéllos que le están encomendados.
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"Temo,
dice, no sea que como la serpiente engañó a Eva con su astucia,
así se aparten vuestros pensamientos de aquella simplicidad que
teníais para con Cristo".
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Y en otro lugar:
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"He estado
con grande temor, y temblor por lo que toca a vosotros".
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Un hombre
arrebatado al tercer Cielo, y hecho participante de los Arcanos de
Dios, y que sufrió tantas muertes como días vivió después de su
conversión; un hombre que no quiso usar de la potestad que había
recibido de Cristo, para que no se escandalizase alguno de los
fieles.: Si él, que aun se excedía en la custodia de los divinos
mandamientos, y que de ningún modo buscaba lo que era suyo sino el
bien de sus súbditos estaba siempre con tanto temor cuando volvía la
consideración a la grandeza de este ministerio, ¿qué será de
nosotros, que frecuentemente sólo buscamos nuestros intereses, que no
sólo no sobrepasamos los divinos mandamientos sino que por la mayor
parte no los cumplimos? ¿Quién, dice él, enferma, y yo
no enfermo? ¿quién se escandaliza, y yo no me siento abrasar? Tal
ha de ser necesariamente el sacerdote, y no solamente así; porque
estas cosas son de poca, o de ninguna consideración, respecto de las
que diré.
¿Y cuáles son estas? Yo deseaba, dice, ser anatema de
Cristo por mis hermanos unidos a mí según la carne. Si alguno puede
proferir semejante palabra, si alguno tiene un alma que toque en este
deseo, merece justamente ser reprendido, si es que huye. Pero si
alguno se halla tan necesitado de esta virtud como yo me hallo, justo
es que sea abominado, no cuando huye sino cuando acepta. Porque si se
propusiese la elección para una dignidad militar, y los que hubieran
de conceder este honor, poniendo en medio un herrero, o un zapatero,
u otro artesano de esta clase, le confiasen el mando del ejército, yo
no alabaría a este infeliz, si no huyera e hiciera cuanto estuviera de
su parte, para no caer en una ruina inevitable; porque si basta
simplemente el ser llamado pastor, y desempeñar de cualquier modo que
sea este ministerio, ni en este se encuentra peligro alguno, puede
enhorabuena acusarnos de vanagloria todo aquél que quisiere.
Pero si el que toma sobre sí este cuidado necesita tener una gran
prudencia, y aun más que ésta, una gracia muy grande de Dios,
rectitud de costumbres, pureza de vida, y mayor virtud que la que
puede hallarse en un hombre, ¿me negarás el perdón, porque no he
querido sin consejo, y temerariamente, perderme? Porque si uno,
conduciendo una nave mercantil, bien pertrechada de remeros y colmada
de inmensas riquezas, y haciéndome sentar junto al timón, me mandase
doblar el Mar Egeo o Tirreno; yo, al oír la primera palabra,
rehusaría semejante comisión; y si alguno me preguntase, por qué;
le respondería, que por no echar a pique el navío.
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