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Oye, pues, lo que dice escribiendo a su discípulo:
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"Atiende a la lección, a la exhortación, a la doctrina",
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y añade después el fruto que proviene de esto, diciendo:
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"Porque haciéndolo, te salvarás a ti mismo, y a los
que te escuchan".
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Y en otro lugar:
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"No debe un siervo del Señor
altercar, sino ser apacible con todos, capaz de enseñar, sufrido".
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Y pasando adelante:
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"Tú permanece constante en las cosas
que has aprendido, y que se han confiado a tu fe, sabiendo de quién
las has aprendido, y que desde niño has tenido conocimiento de las
Letras Sagradas, que pueden para la salud hacerte docto".
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Y en
otra parte:
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"Toda Escritura, dice, ha sido inspirada de
Dios, y útil para la doctrina, para la reprensión, para la
corrección, para la instrucción que está en la justicia, para que
sea perfecto el hombre de Dios".
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Escucha también, cuando habla a Tito sobre la creación de los
obispos que es lo que añade:
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"Conviene, dice, que el
obispo sea tenaz de la palabra fiel, que es según la doctrina, para
que pueda convencer a los que contradicen".
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¿Cómo, pues, siendo
un idiota, como estos dicen, podrá convencer a los que contradicen y
cerrarles la boca? ¿Qué necesidad hay de atender a la lección y a
las escrituras, si se ha de abrazar esta ignorancia? Excusas son
estas, y pretextos para encubrir la omisión y la pereza.
Pero dirá alguno, que esto se dirige sólo a los sacerdotes. Pues
justamente nuestro discurso pertenece a éstos; pero para prueba de que
también se encamina a los súbditos, escucha ahora, lo que exhorta a
otros en otra carta:
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"La palabra de Cristo habite en
vosotros abundantemente en toda sabiduría".
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Y en otro lugar:
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"Vuestro hablar sea siempre con gracia, sazonado de sal,
para saber como debéis responder a cada uno".
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Y aquellas palabras:
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"Estad dispuestos para defenderos",
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se han dicho para
todos. Escribiendo a los Tesalonicenses, dice:
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"Edificad
uno al otro, así como lo hacéis".
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Cuando después habla de los
sacerdotes:
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"Los sacerdotes, dice, que gobiernan bien,
sean tenidos por dignos de doblado honor, particularmente los que
trabajan en la palabra y en la doctrina".
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Porque este es el término perfectísimo de la doctrina, cuando por
medio de las cosas que hacen, y que dicen, conducen a sus discípulos
a aquella vida dichosa que ha sido ordenada por Cristo. Porque para
enseñar no bastan los hechos; ni esta palabra es mía, sino del mismo
Salvador:
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"Quien hiciere, dice, y enseñare, éste,
será llamado grande".
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Porque si el hacer fuese lo mismo que el
enseñar, sería superfluo añadir lo segundo; pues bastaría sólo el
haber dicho: "Quien hiciere". Pero distinguiendo estas cosas,
manifiesta que una pertenece a las obras y la otra a las palabras; y
que la una tiene necesidad de la otra para una edificación perfecta.
¿No oyes qué es lo que dice este escogido vaso de Cristo a los
sacerdotes de Efeso? Por tanto velad, acordandoos, que por
espacio de tres años, noche y día no he cesado de avisaros con
lágrimas a cada uno de vosotros. ¿Qué necesidad tenía de
lágrimas, ni de amonestaciones por medio de las palabras, si brillaba
en él tanto la vida apostólica? Para el cumplimiento de los
mandamientos puede ser muy útil la vida ejemplar; pero no puedo decir
que en nuestro caso lo pueda hacer todo por sí sola.
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