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¿Pero al presente, dijo Basilio, te hallas libre de semejantes
trabajos? ¿o no tienes algún cuidado, viviendo sólo contigo mismo?
Crisóstomo: No me faltan, respondí yo, aun al presente. ¿Cómo
es posible, que siendo hombre, y viviendo en esta vida trabajosa,
pueda estar libre de afanes y cuidados? Pero no es lo mismo entrarse
en un pliego inmenso, que pasar un río.
Grande es la diferencia que hay entre estos, y aquellos cuidados. Y
al presente, si pudiera yo ser útil a los otros, yo mismo lo
querría, y sería esta una cosa que yo apetecería; pero sino puedo
ser útil al prójimo, me contentaré si logro salvarme a mí mismo y
librarme de la tempestad.
Basilio: ¿Y tú crees que esta es una gran cosa? ¿o juzgas que de
algún modo podrá salvarse aquél, que no haya procurado ayudar a su
prójimo?
Crisóstomo: Has dicho bien, respondí yo, porque no puedo creer
que se pueda salvar el que no tiene cuidado alguno de la salud de su
prójimo. A aquel desventurado de nada le sirvió el no haber
menoscabado el talento; pero fue causa de su perdición el no haberlo
aumentado y acrecentado otro tanto.
Con todo, yo creo que si fuere acusado de no haber procurado la salud
del prójimo, será mas suave mi castigo, que si fuere llamado
juicio; porque después de haber recibido una honra tan grande,
habiendo empeorado yo, he perdido a otros y a mí mismo. Al
presente, creo que no me espera otro castigo, sino el que corresponda
a la grandeza de mis pecados. Pero después de haber recibido esta
potestad, yo creería tener, no duplicado o triplicado castigo, sino
mucho más multiplicado y más grave, por haber escandalizado a muchos
y ofendido a Dios que me había dado un tan gran honor.
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