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1. Pues hablando ahora de los que comienzan a ser siervos del amor
(que no me parece otra cosa determinarnos a seguir por este camino de
oración al que tanto nos amó), es una dignidad tan grande, que me
regalo extrañamente en pensar en ella. Porque el temor servil
luego va fuera, si en este primer estado vamos como hemos de ir. ¡Oh
Señor de mi alma y bien mío! ¿Por qué no quisisteis que en
determinándose un alma a amaros, con hacer lo que puede en dejarlo
todo para mejor se emplear en este amor de Dios, luego gozase de subir
a tener este amor perfecto? Mal he dicho: había de decir y
quejarme porque no queremos nosotros; pues toda la falta nuestra es,
en no gozar luego de tan gran dignidad, pues en llegando a tener con
perfección este verdadero amor de Dios, trae consigo todos los
bienes. Somos tan caros y tan tardíos de darnos del todo a Dios,
que, como Su Majestad no quiere gocemos de cosa tan preciosa sin gran
precio, no acabamos de disponernos.
2. Bien veo que no le hay con qué se pueda comprar tan gran bien en
la tierra; mas si hiciésemos lo que podemos en no nos asir a cosa de
ella, sino que todo nuestro cuidado y trato fuese en el cielo, creo yo
sin duda muy en breve se nos daría este bien, si en breve del todo nos
dispusiésemos, como algunos santos lo hicieron. Mas parécenos que
lo damos todo, y es que ofrecemos a Dios la renta o los frutos y
quedámonos con la raíz y posesión. Determinámonos a ser
pobres, y es de gran merecimiento; mas muchas veces tornamos a tener
cuidado y diligencia para que no nos falte no sólo lo necesario sino lo
superfluo, y a granjear los amigos que nos lo den y ponernos en mayor
cuidado, y por ventura peligro, porque no nos falte, que antes
teníamos en poseer la hacienda.
Parece también que dejamos la honra en ser religiosos o en haber ya
comenzado a tener vida espiritual y a seguir perfección, y no nos han
tocado en un punto de honra, cuando no se nos acuerda la hemos
ya dado a Dios, y nos queremos tornar a alzar con ella y tomársela
como dicen de las manos, después de haberle de nuestra voluntad,
al parecer, hecho de ella señor. Así son todas las otras
cosas.
3. ¡Donosa manera de buscar amor de Dios! Y luego le
queremos a manos llenas, a manera de decir. Tenernos nuestras
aficiones (ya que no procuramos efectuar nuestros deseos y no acabarlos
de levantar de la tierra) y muchas consolaciones espirituales con
esto, no viene bien, ni me parece se compadece esto con
estotro. Así que, porque no se acaba de dar junto, no se nos da por
junto este tesoro. Plega al Señor que gota a gota nos le dé Su
Majestad, aunque sea costándonos todos los trabajos del mundo.
4. Harto gran misericordia hace a quien da gracia y ánimo para
determinarse a procurar con todas sus fuerzas este bien. Porque si
persevera, no se niega Dios a nadie. Poco a poco va habilitando él
el ánimo para que salga con esta victoria. Digo ánimo, porque son
tantas las cosas que el demonio pone delante a los principios para que
no comiencen este camino de hecho, como quien sabe el daño que de
aquí le viene, no sólo en perder aquel alma sino muchas. Si el que
comienza se esfuerza con el fervor de Dios a llegar a la cumbre de la
perfección, creo jamás va solo al cielo; siempre lleva mucha gente
tras sí. Como a buen capitán, le da Dios quien vaya en su
compañía.
Póneles tantos peligros y dificultades delante, que no es
menester poco ánimo para no tornar atrás, sino muy mucho y mucho
favor de Dios.
5. Pues hablando de los principios de los que ya van determinados a
seguir este bien y a salir con esta empresa (que de lo demás que
comencé a decir de mística teología, que creo se llama así, diré
más adelante), en estos principios está todo el mayor
trabajo; porque son ellos los que trabajan dando el Señor el caudal;
que en los otros grados de oración lo más es gozar, puesto que
primeros y medianos y postreros, todos llevan sus cruces,
aunque diferentes; que por este camino que fue Cristo han de ir los
que le siguen, si no se quieren perder. ¡Y bienaventurados
trabajos, que aun acá en la vida tan sobradamente se pagan!
6. Habré de aprovecharme de alguna comparación, aunque yo las
quisiera excusar por ser mujer y escribir simplemente lo que me mandan.
Mas este lenguaje de espíritu es tan malo de declarar a los que no
saben letras, como yo, que habré de buscar algún modo, y
podrá ser las menos veces acierte a que venga bien la comparación.
Servirá de dar recreación a vuestra merced de ver tanta
torpeza.
Paréceme ahora a mí que he leído u oído esta comparación que como
tengo mala memoria, ni sé adónde ni a qué propósito, mas para el
mío ahora conténtame: ha de hacer cuenta el que comienza,
que comienza a hacer un huerto en tierra muy infructuosa que lleva muy
malas hierbas, para que se deleite el Señor. Su Majestad arranca
las malas hierbas y ha de plantar las buenas. Pues hagamos cuenta que
está ya hecho esto cuando se determina a tener oración un alma y lo ha
comenzado a usar. Y con ayuda de Dios hemos de procurar, como buenos
hortelanos, que crezcan estas plantas y tener cuidado de regarlas para
que no se pierdan, sino que vengan a echar flores que den de sí gran
olor para dar recreación a este Señor nuestro, y así se venga a
deleitar muchas veces a esta huerta y a holgarse entre estas virtudes.
7. Pues veamos ahora de la manera que se puede regar, para que
entendamos lo que hemos de hacer y el trabajo que nos ha de costar, si
es mayor que la ganancia, o hasta qué tanto tiempo se ha de tener.
Paréceme a mí que se puede regar de cuatro maneras:
o con sacar el agua de un pozo, que es a nuestro gran trabajo;.
o con noria y arcaduces, que se saca con un torno; yo lo he sacado
algunas veces: es a menos trabajo que estotro y sácase más
agua;
o de un río o arroyo: esto se riega muy mejor, que queda más harta
la tierra de agua y no se ha menester regar tan a menudo y es a menos
trabajo mucho del hortelano;
o con llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno
nuestro, y es muy sin comparación mejor que todo lo que queda dicho.
8. Ahora, pues, aplicadas estas cuatro maneras de agua de que se ha
de sustentar este huerto porque sin ella perderse ha, es lo que a mí
me hace al caso y ha parecido que se podrá declarar algo de cuatro
grados de oración, en que el Señor, por su bondad, ha puesto
algunas veces mi alma. Plega a su bondad atine a decirlo de manera que
aproveche a una de las personas que esto me mandaron escribir,
que la ha traído el Señor en cuatro meses harto más adelante que yo
estaba en diecisiete años. Hase dispuesto mejor, y así sin trabajo
suyo riega este vergel con todas estas cuatro aguas, aunque la postrera
aún no se le da sino a gotas; mas va de suerte que presto se
engolfará en ella con ayuda del Señor. Y gustaré se ría, si le
pareciere desatino la manera del declarar.
9. De los que comienzan a tener oración podemos decir son los que
sacan el agua del pozo, que es muy a su trabajo, como tengo dicho,
que han de cansarse en recoger los sentidos, que, como
están acostumbrados a andar derramados, es harto trabajo.
Han menester irse acostumbrando a no se les dar nada de ver ni oír, y
aun ponerlo por obra las horas de la oración, sino estar en soledad
y, apartados, pensar su vida pasada. Aunque esto primeros y
postreros todos lo han de hacer muchas veces, hay más y menos de
pensar en esto, como después diré. Al principio aún da
pena, que no acaban de entender que se arrepienten de los pecados; y
sí hacen, pues se determinan a servir a Dios tan de veras. Han de
procurar tratar de la vida de Cristo, y cánsase el entendimiento en
esto.
Hasta aquí podemos adquirir nosotros, entiéndese con el favor de
Dios, que sin éste ya se sabe no podemos tener un buen pensamiento.
Esto es comenzar a sacar agua del pozo, y aun plega a Dios lo quiera
tener. Mas al menos no queda por nosotros, que ya vamos a sacarla y
hacemos lo que podemos para regar estas flores. Y es Dios tan bueno
que, cuando por lo que Su Majestad sabe por ventura para gran
provecho nuestro quiere que esté seco el pozo, haciendo lo que es en
nosotros como buenos hortelanos, sin agua sustenta las flores y hace
crecer las virtudes. Llamo «agua» aquí las lágrimas y, aunque no
las haya, la ternura y sentimiento interior de devoción.
10. Pues ¿qué hará aquí el que ve que en muchos días no hay
sino sequedad y disgusto y dessabor y tan mala gana para venir a sacar
el agua, que si no se le acordase que hace placer y servicio al Señor
de la huerta y mirase a no perder todo lo servido y aun lo que espera
ganar del gran trabajo que es echar muchas veces el caldero en el pozo y
sacarle sin agua, lo dejaría todo? Y muchas veces le acaecerá aun
para esto no se le alzar los brazos, ni podrá tener un buen
pensamiento: que este obrar con el entendimiento, entendido va que es
el sacar agua del pozo.
Pues, como digo, ¿qué hará aquí el hortelano? Alegrarse y
consolarse y tener por grandísima merced de trabajar en huerto de tan
gran Emperador. Y pues sabe le contenta en aquello y su intento no ha
de ser contentarse a sí sino a El, alábele mucho, que hace de él
confianza, pues ve que sin pagarle nada tiene tan gran cuidado
de lo que le encomendó. Y ayúdele a llevar la cruz y piense que toda
la vida vivió en ella y no quiera acá su reino ni deje jamás la
oración. Y así se determine, aunque para toda la vida le dure esta
sequedad, no dejar a Cristo caer con la cruz. Tiempo vendrá que se
lo pague por junto. No haya miedo que se pierda el trabajo. A buen
amo sirve. Mirándole está. No haga caso de malos pensamientos.
Mire que también los representaba el demonio a San Jerónimo en el
desierto.
11. Su precio se tienen estos trabajos, que, como quien los pasó
muchos años (que cuando una gota de agua sacaba de este bendito pozo
pensaba me hacía Dios merced), sé que son grandísimos y me parece
es menester más ánimo que para otros muchos trabajos del mundo. Mas
he visto claro que no deja Dios sin gran premio, aun en esta vida;
porque es así, cierto, que una hora de las que el Señor me
ha dado de gusto de Sí después acá, me parece quedan pagadas todas
las congojas que en sustentarme en la oración mucho tiempo pasé.
Tengo para mí que quiere el Señor dar muchas veces al principio, y
otras a la postre, estos tormentos y otras muchas tentaciones que se
ofrecen, para probar a sus amadores y saber si podrán beber el cáliz
y ayudarle a llevar la cruz, antes que ponga en ellos grandes
tesoros. Y para bien nuestro creo nos quiere Su Majestad llevar por
aquí, para que entendamos bien lo poco que somos; porque son de tan
gran dignidad las mercedes de después, que quiere por experiencia
veamos antes nuestra miseria primero que nos las dé, por que no nos
acaezca lo que a Lucifer.
12. ¿Qué hacéis Vos, Señor mío, que no sea para mayor bien
del alma que entendéis que es ya vuestra y que se pone en vuestro poder
para seguiros por donde fuereis hasta muerte de cruz y que
está determinada a ayudárosla a llevar y a no dejaros solo con ella?
Quien viere en sí esta determinación, no, no hay que temer. Gente
espiritual, no hay por qué se afligir. Puesto ya en tan alto grado
como es querer tratar a solas con Dios y dejar los pasatiempos
del mundo, lo más está hecho. Alabad por ello a Su Majestad y
fiad de su bondad, que nunca faltó a sus amigos. Tapaos los ojos de
pensar por qué da a aquél de tan pocos días devoción, y a
mí no en tantos años. Creamos es todo para más bien nuestro.
Guíe Su Majestad por donde quisiere. Ya no somos nuestros, sino
suyos. Harta merced nos hace en querer que queramos cavar en su huerto
y estarnos cabe el Señor de él, que cierto está con nosotros. Si
El quiere que crezcan estas plantas y flores a unos con dar agua que
saquen de este pozo, a otros sin ella, ¿qué se me da mí? Haced
vos, Señor, lo que quisiereis. No os ofenda yo. No se pierdan
las virtudes, si alguna me habéis ya dado por sola vuestra bondad.
Padecer quiero, Señor, pues Vos padecisteis. Cúmplase en mí de
todas maneras vuestra voluntad. Y no plega a Vuestra Majestad que
cosa de tanto precio como vuestro amor se dé a gente que os sirve sólo
por gustos.
13. Hase de notar mucho y dígolo porque lo sé por experiencia que
el alma que en este camino de oración mental comienza a caminar con
determinación y puede acabar consigo de no hacer mucho caso ni
consolarse ni desconsolarse mucho porque falten estos gustos y ternura
o la dé el Señor, que tiene andado gran parte del camino.
Y no haya miedo de tornar atrás, aunque más tropiece, porque va
comenzado el edificio en firme fundamento. Sí, que no está el amor
de Dios en tener lágrimas ni estos gustos y ternura, que por la mayor
parte los deseamos y consolamos con ellos, sino en servir con justicia
y fortaleza de ánima y humildad. Recibir, más me parece a mí eso,
que no dar nosotros nada.
14. Para mujercitas como yo, flacas y con poca fortaleza, me
parece a mí conviene, como Dios ahora lo hace, llevarme con regalos,
porque pueda sufrir algunos trabajos que ha querido Su
Majestad tenga; mas para siervos de Dios, hombres de tomo, de
letras, de entendimiento, que veo hacer tanto caso de que Dios no los
da devoción, que me hace disgusto oírlo. No digo yo que no la
tomen, si Dios se la da, y la tengan en mucho, porque entonces verá
Su Majestad que conviene; mas que cuando no la tuvieren, que no se
fatiguen y que entiendan que no es menester, pues Su Majestad no la
da, y anden señores de sí mismos. Crean que es falta. Yo lo he
probado y visto. Crean que es imperfección y no andar con libertad de
espíritu, sino flacos para acometer.
15. Esto no lo digo tanto por los que comienzan (aunque pongo tanto
en ello, porque les importa mucho comenzar con esta libertad y
determinación), sino por otros; que habrá muchos que lo ha
que comenzaron y nunca acaban de acabar. Y creo es gran parte este no
abrazar la cruz desde el principio, que andarán afligidos
pareciéndoles no hacen nada. En dejando de obrar el entendimiento,
no lo pueden sufrir y por ventura entonces engorda la voluntad y toma
fuerza, y no lo entienden ellos.
Hemos de pensar que no mira el Señor en estas cosas, que, aunque a
nosotros nos parecen faltas, no lo son. Ya sabe Su Majestad nuestra
miseria y bajo natural mejor que nosotros mismos, y sabe que ya estas
almas desean siempre pensar en El y amarle. Esta determinación es la
que quiere. Estotro afligimiento que nos damos no sirve de más de
inquietar el alma, y si había de estar inhábil para aprovechar una
hora, que lo esté cuatro. Porque muy muchas veces (yo tengo
grandísima experiencia de ello, y sé que es verdad, porque lo he
mirado con cuidado y tratado después a personas espirituales) que
viene de indisposición corporal, que somos tan miserables que
participa esta encarceladita de esta pobre alma de las miserias
del cuerpo. Y las mudanzas de los tiempos y las vueltas de los humores
muchas veces hacen que sin culpa suya no pueda hacer lo que
quiere, sino que padezca de todas maneras. Y mientras más la quieren
forzar en estos tiempos, es peor y dura más el mal; sino que haya
discreción para ver cuándo es de esto, y no la ahoguen a la pobre.
Entiendan son enfermos. Múdese la hora de la oración, y hartas
veces será algunos días. Pasen como pudieren este destierro, que
harta malaventura es de un alma que ama a Dios ver que vive en esta
miseria y que no puede lo que quiere, por tener tan mal huésped como
este cuerpo.
16. Dije «con discreción», porque alguna vez el demonio lo
hará; y así es bien ni siempre dejar la oración cuando hay gran
distraimiento y turbación en el entendimiento, ni siempre atormentar
el alma a lo que no puede.
Otras cosas hay exteriores de obras de caridad y de lección,
aunque a veces aun no estará para esto. Sirva entonces al cuerpo por
amor de Dios, porque otras veces muchas sirva él al alma, y tome
algunos pasatiempos santos de conversaciones que lo sean, o irse al
campo, como aconsejare el confesor. Y en todo es gran cosa la
experiencia, que da a entender lo que nos conviene. Y en todo se
sirve Dios. Suave es su yugo, y es gran negocio no traer el
alma arrastrada, como dicen, sino llevarla con suavidad para
su mayor aprovechamiento.
17. Así que torno a avisar y aunque lo diga muchas veces no va nada
que importa mucho que de sequedades ni de inquietud y distraimiento en
los pensamientos nadie se apriete ni aflija. Si quiere ganar libertad
de espíritu y no andar siempre atribulado, comience a no se espantar
de la cruz, y verá cómo se la ayuda también a llevar el Señor y
con el contento que anda y el provecho que saca de todo.
Porque ya se ve que, si el pozo no mana, que nosotros no podemos
poner el agua. Verdad es que no hemos de estar descuidados para que,
cuando la haya, sacarla; porque entonces ya quiere Dios por
este medio multiplicar las virtudes.
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