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1 Tornando a nuestro propósito, pasé algunos días, pocos,
con esta visión muy continua, y hacíame tanto provecho, que no
salía de oración, y aun cuanto hacía, procuraba fuese de suerte que
no descontentase al que claramente veía estaba por testigo. Y aunque
a veces temía, con lo mucho que me decían, durábame poco el temor,
porque el Señor me aseguraba.
Estando un día en oración, quiso el Señor mostrarme solas las
manos con tan grandísima hermosura que no lo podría yo encarecer.
Hízome gran temor, porque cualquier novedad me le hace grande en los
principios de cualquiera merced sobrenatural que el Señor me haga.
Desde a pocos días, vi también aquel divino rostro, que del todo me
parece me dejó absorta. No podía yo entender por qué el Señor se
mostraba así poco a poco, pues después me había de hacer merced de
que yo le viese del todo, hasta después que he entendido que me iba
Su Majestad llevando conforme a mi flaqueza natural. ¡Sea bendito
por siempre!, porque tanta gloria junta, tan bajo y ruin sujeto no la
pudiera sufrir. Y como quien esto sabía, iba el piadoso Señor
disponiendo.
2. Parecerá a vuestra merced que no era menester mucho
esfuerzo para ver unas manos y rostro tan hermoso. Sonlo tanto los
cuerpos glorificados, que la gloria que traen consigo ver cosa tan
sobrenatural hermosa desatina; y así me hacía tanto temor,
que toda me turbaba y alborotaba, aunque después quedaba con
certidumbre y seguridad y con tales efectos, que presto se perdía el
temor.
3. Un día de San Pablo, estando en misa, se me
representó toda esta Humanidad sacratísima como se pinta resucitado,
con tanta hermosura y majestad como particularmente escribí a vuestra
merced cuando mucho me lo mandó, y hacíaseme harto de mal,
porque no se puede decir que no sea deshacerse; mas lo mejor que supe,
ya lo dije, y así no hay para qué tornarlo a decir aquí. Sólo
digo que, cuando otra cosa no hubiese para deleitar la vista en el
cielo sino la gran hermosura de los cuerpos glorificados, es
grandísima gloria, en especial ver la Humanidad de Jesucristo,
Señor nuestro, aun acá que se muestra Su Majestad conforme a lo
que puede sufrir nuestra miseria; ¿qué será adonde del todo se goza
tal bien?
4. Esta visión, aunque es imaginaria, nunca la vi con los ojos
corporales, ni ninguna, sino con los ojos del alma.
Dicen los que lo saben mejor que yo, que es más perfecta la pasada
que ésta, y ésta más mucho que las que se ven con los ojos
corporales. Esta dicen que es la más baja y adonde más
ilusiones puede hacer el demonio, aunque entonces no podía yo entender
tal, sino que deseaba, ya que se me hacía esta merced, que fuese
viéndola con los ojos corporales, para que no me dijese el confesor se
me antojaba. Y también después de pasada me acaecía esto era luego
luego pensar yo también esto: que se me había antojado. Y
fatigábame de haberlo dicho al confesor, pensando si le había
engañado. Este era otro llanto, e iba a él y decíaselo.
Preguntábame que si me parecía a mí así o si había querido
engañar. Yo le decía la verdad, porque, a mi parecer, no
mentía, ni tal había pretendido, ni por cosa del mundo dijera una
cosa por otra. Esto bien lo sabía él, y así procuraba sosegarme,
y yo sentía tanto en irle con estas cosas, que no sé cómo el demonio
me ponía lo había de fingir para atormentarme a mí misma.
Mas el Señor se dio tanta prisa a hacerme esta merced y declarar esta
verdad, que bien presto se me quitó la duda de si era antojo, y
después veo muy claro mi bobería; porque, si estuviera muchos años
imaginando cómo figurar cosa tan hermosa, no pudiera ni supiera,
porque excede a todo lo que acá se puede imaginar, aun sola la
blancura y resplandor.
5. No es resplandor que deslumbre, sino una blancura suave y el
resplandor infuso, que da deleite grandísimo a la vista y no la
cansa, ni la claridad que se ve para ver esta hermosura tan divina.
Es una luz tan diferente de las de acá, que parece una cosa tan
deslustrada la claridad del sol que vemos, en comparación de aquella
claridad y luz que se representa a la vista, que no se querrían abrir
los ojos después. Es como ver un agua clara, que corre sobre cristal
y reverbera en ello el sol, a una muy turbia y con gran nublado
y corre por encima de la tierra. No porque se representa sol, ni la
luz es como la del sol; parece, en fin, luz natural y estotra cosa
artificial. Es luz que no tiene noche, sino que, como siempre es
luz, no la turba nada. En fin, es de suerte que, por gran
entendimiento que una persona tuviese, en todos los días de su vida
podría imaginar cómo es. Y pónela Dios delante tan presto,
que aun no hubiera lugar para abrir los ojos, si fuera menester
abrirlos; mas no hace más estar abiertos que cerrados, cuando el
Señor quiere; que, aunque no queramos, se ve. No hay
divertimiento que baste, ni hay poder resistir, ni basta
diligencia ni cuidado para ello. Esto tengo yo bien experimentado,
como diré.
6. Lo que yo ahora querría decir es el modo cómo el Señor se
muestra por estas visiones. No digo que declararé de qué manera
puede ser poner esta luz tan fuerte en el sentido interior, y en el
entendimiento imagen tan clara, que parece verdaderamente está allí,
porque esto es de letrados. No ha querido el Señor darme a
entender el cómo, y soy tan ignorante y de tan rudo entendimiento,
que, aunque mucho me lo han querido declarar, no he aun acabado de
entender el cómo. Y esto es cierto, que aunque a vuestra merced
le parezca que tengo vivo entendimiento, que no le tengo;
porque en muchas cosas lo he experimentado, que no comprende más de lo
que le dan de comer, como dicen. Algunas veces se espantaba el que me
confesaba de mis ignorancias; y jamás me di a entender, ni aun lo
deseaba, cómo hizo Dios esto o pudo ser esto, ni lo preguntaba,
aunque como he dicho de muchos años acá trataba con buenos
letrados. Si era una cosa pecado o no, esto sí; en lo demás no era
menester más para mí de pensar hízolo Dios todo, y veía que no
había de qué me espantar, sino por qué le alabar; y antes me hacen
devoción las cosas dificultosas, y mientras más, más.
7. Diré, pues, lo que he visto por experiencia. El cómo el
Señor lo hace, vuestra merced lo dirá mejor, y declarará todo lo
que fuere oscuro y yo no supiere decir.
Bien me parecía en algunas cosas que era imagen lo que veía, mas por
otras muchas no, sino que era el mismo Cristo, conforme a la claridad
con que era servido mostrárseme. Unas veces era tan en confuso, que
me parecía imagen, no como los dibujos de acá, por muy perfectos que
sean, que hartos he visto buenos; es disparate pensar que
tiene semejanza lo uno con lo otro en ninguna manera, no más ni menos
que la tiene una persona viva a su retrato, que por bien que esté
sacado no puede ser tan al natural, que, en fin, se ve es cosa
muerta. Mas dejemos esto, que aquí viene bien y muy al pie de la
letra.
8. No digo que es comparación, que nunca son tan cabales, sino
verdad, que hay la diferencia que de lo vivo a lo pintado, no más ni
menos. Porque si es imagen, es imagen viva; no hombre muerto, sino
Cristo vivo; y da a entender que es hombre y Dios; no como estaba en
el sepulcro, sino como salió de él después de resucitado; y viene a
veces con tan grande majestad, que no hay quien pueda dudar sino que es
el mismo Señor, en especial en acabando de comulgar, que ya sabemos
que está allí, que nos lo dice la fe. Represéntase tan señor de
aquella posada, que parece toda deshecha el alma se ve consumir en
Cristo. ¡Oh Jesús mío!, ¡quién pudiese dar a entender la
majestad con que os mostráis! Y cuán Señor de todo el mundo y de
los cielos y de otros mil mundos y sin cuento mundos y cielos
que Vos crearais, entiende el alma, según con la majestad que os
representáis, que no es nada para ser Vos señor de ello.
9. Aquí se ve claro, Jesús mío, el poco poder de todos los
demonios en comparación del vuestro, y cómo quien os tuviere contento
puede repisar el infierno todo. Aquí ve la razón que tuvieron los
demonios de temer cuando bajasteis al limbo, y tuvieran de
desear otros mil infiernos más bajos para huir de tan gran majestad, y
veo que queréis dar a entender al alma cuán grande es, y el poder que
tiene esta sacratísima Humanidad junto con la Divinidad. Aquí se
representa bien qué será el día del juicio ver esta majestad de este
Rey, y verle con rigor para los malos. Aquí es la
verdadera humildad que deja en el alma, de ver su miseria,
que no la puede ignorar. Aquí la confusión y verdadero
arrepentimiento de los pecados, que aun con verle que muestra amor, no
sabe adonde se meter, y así se deshace toda.
Digo que tiene tan grandísima fuerza esta visión, cuando el Señor
quiere mostrar al alma mucha parte de su grandeza y majestad, que tengo
por imposible, si muy sobrenatural no la quisiese el Señor
ayudar con quedar puesta en arrobamiento y éxtasis (que pierde el ver
la visión de aquella divina presencia con gozar), sería, como
digo, imposible sufrirla ningún sujeto.
¿Es verdad que se olvida después? Tan imprimida queda aquella
majestad y hermosura, que no hay poderlo olvidar, si no es cuando
quiere el Señor que padezca el alma una sequedad y soledad grande que
diré adelante, que aun entonces de Dios parece se olvida.
Queda el alma otra, siempre embebida. Parécele comienza de nuevo
amor vivo de Dios en muy alto grado, a mi parecer; que, aunque la
visión pasada que dije que representa Dios sin imagen es más
subida, que para durar la memoria conforme a nuestra flaqueza, para
traer bien ocupado el pensamiento, es gran cosa el quedar representado
y puesta en la imaginación tan divina presencia. Y casi vienen juntas
estas dos maneras de visión siempre; y aun es así que lo vienen,
porque con los ojos del alma vese la excelencia y hermosura y gloria de
la santísima Humanidad, y por estotra manera que queda dicha se nos
da a entender cómo es Dios y poderoso y que todo lo puede y todo lo
manda y todo lo gobierna y todo lo hinche su amor.
10. Es muy mucho de estimar esta visión, y sin peligro, a mi
parecer, porque en los efectos se conoce no tiene fuerza aquí el
demonio. Paréceme que tres o cuatro veces me ha querido representar
de esta suerte al mismo Señor en representación falsa: toma la forma
de carne, mas no puede contrahacerla con la gloria que cuando
es de Dios. Hace representaciones para deshacer la verdadera visión
que ha visto el alma; mas así la resiste de sí y se alborota y se
desabre e inquieta, que pierde la devoción y gusto que antes tenía,
y queda sin ninguna oración.
A los principios fue esto como he dicho tres o cuatro veces.
Es cosa tan diferentísima, que, aun quien hubiere tenido sola
oración de quietud, creo lo entenderá por los efectos que quedan
dichos en las hablas. Es cosa muy conocida y, si no se
quiere dejar engañar un alma, no me parece la engañará, si anda con
humildad y simplicidad. A quien hubiere tenido verdadera visión de
Dios, desde luego casi se siente; porque, aunque comienza con regalo
y gusto, el alma lo lanza de sí; y aun, a mi parecer, debe ser
diferente el gusto; y no muestra apariencia de amor puro y casto. Muy
en breve da a entender quién es. Así que, adonde hay experiencia,
a mi parecer, no podrá el demonio hacer daño.
11. Pues ser imaginación esto, es imposible de toda
imposibilidad. Ningún camino lleva, porque sola la hermosura y
blancura de una mano es sobre toda nuestra imaginación: pues sin
acordarnos de ello ni haberlo jamás pensado, ver en un punto presentes
cosas que en gran tiempo no pudieran concertarse con la imaginación,
porque va muy más alto como ya he dicho de lo que acá podemos
comprender...; así que esto es imposible. Y si pudiésemos algo
en esto, aun se ve claro por estotro que ahora diré: porque si fuese
representado con el entendimiento, dejado que no haría las grandes
operaciones que esto hace, ni ninguna (porque sería como uno
que quisiese hacer que dormía y estáse despierto porque no le ha
venido el sueño: él, como si tiene necesidad o flaqueza en la
cabeza, lo desea, adormécese él en sí y hace sus diligencias y a
las veces parece hace algo, mas si no es sueño de veras, no le
sustentará ni dará fuerza a la cabeza, antes a las veces queda más
desvanecida), así sería en parte acá, quedar el alma
desvanecida, mas no sustentada y fuerte, antes cansada y disgustada.
Acá no se puede encarecer la riqueza que queda: aun al cuerpo da
salud y queda confortado.
12. Esta razón, con otras, daba yo cuando me decían que era
demonio y que se me antojaba que fue muchas veces y ponía comparaciones
como yo podía y el Señor me daba a entender. Mas todo aprovechaba
poco. Porque como había personas muy santas en este lugar
(y yo en su comparación una perdición) y no los llevaba Dios por
este camino, luego era el temor en ellos; que mis pecados parece lo
hacían, que de uno en otro se rodeaba de manera, que lo
venían a saber, sin decirlo yo sino a mi confesor o a quien él me
mandaba.
13. Yo les dije una vez que si los que me decían esto me dijeran
que a una persona que hubiese acabado de hablar y la conociese
mucho, que no era ella, sino que se me antojaba, que ellos lo
sabían, que sin duda yo lo creyera más que lo que había visto. Mas
si esta persona me dejara algunas joyas y se me quedaban en las manos
por prendas de mucho amor, y que antes no tenía ninguna y me veía
rica siendo pobre, que no podría creerlo, aunque yo quisiese. Y que
estas joyas se las podría mostrar, porque todos los que me conocían
veían claro estar otra mi alma, y así lo decía mi confesor. Porque
era muy grande la diferencia en todas las cosas, y no disimulada, sino
muy con claridad lo podían todos ver. Porque, como antes era tan
ruin, decía yo que no podía creer que si el demonio hacía esto para
engañarme y llevarme al infierno, tomase medio tan contrario como era
quitarme los vicios y poner virtudes y fortaleza. Porque veía claro
con estas cosas quedar en una vez otra.
14. Mi confesor, como digo que era un padre bien santo de la
Compañía de Jesús, respondía esto mismo según yo supe.
Era muy discreto y de gran humildad, y esta humildad tan grande me
acarreó a mí hartos trabajos; porque, con ser de mucha oración y
letrado, no se fiaba de sí, como el Señor no le llevaba por este
camino. Pasólos harto grandes conmigo de muchas maneras.
Supe que le decían que se guardase de mí, no le engañase el demonio
con creerme algo de lo que le decía. Traíanle ejemplos de otras
personas. Todo esto me fatigaba a mí. Temía que no había de haber
con quién me confesar, sino que todos habían de huir de mí. No
hacía sino llorar.
15. Fue providencia de Dios querer él durar en oírme, sino que
era tan gran siervo de Dios, que a todo se pusiera por El. Y así
me decía que no ofendiese yo a Dios ni saliese de lo que él me
decía; que no hubiese miedo me faltase. Siempre me animaba y
sosegaba. Mandábame siempre que no le callase ninguna cosa. Yo así
lo hacía. El me decía que haciendo yo esto, que aunque fuese
demonio, no me haría daño, antes sacaría el Señor bien del mal
que él quería hacer a mi alma. Procuraba perfeccionarla en todo lo
que él podía. Yo, como traía tanto miedo, obedecíale en todo,
aunque imperfectamente, que harto pasó conmigo tres años y más,
que me confesó, con estos trabajos; porque en grandes
persecuciones que tuve, y cosas hartas que permitía el Señor me
juzgasen mal, y muchas estando sin culpa, con todo venían a él y era
culpado por mí, estando él sin ninguna culpa.
16. Fuera imposible, si no tuviera tanta santidad y el Señor que
le animaba poder sufrir tanto, porque había de responder a los que les
parecía iba perdida, y no le creían; y por otra parte, habíame de
sosegar a mí y de curar el miedo que yo traía, poniéndomele mayor.
Me había por otra parte de asegurar, porque a cada visión, siendo
cosa nueva, permitía Dios me quedasen después grandes temores.
Todo me procedía de ser tan pecadora yo y haberlo sido. El me
consolaba con mucha piedad y, si él se creyera a sí mismo, no
padeciera yo tanto; que Dios le daba a entender la verdad en todo,
porque el mismo Sacramento le daba luz, a lo que yo creo.
17. Los siervos de Dios, que no se aseguraban, tratábanme mucho.
Yo, como hablaba con descuido algunas cosas que ellos
tomaban por diferente intención (yo quería mucho al uno de ellos,
porque le debía infinito mi alma y era muy santo; yo sentía infinito
de que veía no me entendía, y él deseaba en gran manera mi
aprovechamiento y que el Señor me diese luz), y así lo que yo
decía como digo sin mirar en ello, parecíales poca humildad. En
viéndome alguna falta que verían muchas, luego era todo condenado.
Preguntábanme algunas cosas; yo respondía con llaneza y descuido.
Luego les parecía los quería enseñar, y que me tenía por sabia.
Todo iba a mi confesor, porque, cierto, ellos deseaban mi provecho.
El a reñirme.
18. Duró esto harto tiempo, afligida por muchas partes, y con las
mercedes que me hacía el Señor todo lo pasaba.
Digo esto para que se entienda el gran trabajo que es no haber quien
tenga experiencia en este camino espiritual, que a no me favorecer
tanto el Señor, no sé qué fuera de mí. Bastantes cosas había
para quitarme el juicio, y algunas veces me veía en términos que no
sabía qué hacer, sino alzar los ojos al Señor. Porque
contradicción de buenos a una mujercilla ruin y flaca como yo
y temerosa, no parece nada así dicho, y con haber yo pasado en la
vida grandísimos trabajos, es éste de los mayores.
Plega al Señor que yo haya servido a Su Majestad algo en esto; que
de que le servían los que me condenaban y argüían, bien cierta
estoy, y que era todo para gran bien mío.
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