|
1. Ahora vengamos al desasimiento que hemos de tener, porque en esto
está el todo, si va con perfección. Aquí digo está el todo,
porque abrazándonos con solo el Criador y no se nos dando nada por
todo lo criado, Su Majestad infunde de manera las virtudes, que
trabajando nosotros poco a poco lo que es en nosotros, no tendremos
mucho más que pelear, que el Señor toma la mano contra los demonios
y contra todo el mundo en nuestra defensa.
¿Pensáis, hermanas, que es poco bien procurar este bien de darnos
todas al Todo sin hacernos partes? Y pues en él están todos los
bienes, como digo, alabémosle mucho, hermanas, que nos juntó aquí
adonde no se trata de otra cosa sino de esto. Y así no sé para qué
lo digo, pues todas las que aquí estáis me podéis enseñar a mí;
que confieso en este caso tan importante no tener la perfección como la
deseo y entiendo conviene, y en todas las virtudes; y lo que aquí
digo, lo mismo, que es más fácil de escribir que de obrar; y aun a
esto no atinara, porque algunas veces consiste en experiencia el
saberlo decir, y debo atinar por el contrario de estas virtudes que he
tenido.
2. Cuanto a lo exterior, ya se ve cuán apartadas estamos aquí de
todo. Oh hermanas, entended, por amor de Dios, la gran merced que
el Señor ha hecho a las que trajo aquí, y cada una lo piense bien en
sí, pues en solas doce quiso Su Majestad fueseis una. Y qué de
ellas mejores que yo, sé que tomaran este lugar de buena gana, y
diómele el Señor a mí, mereciéndole tan mal. Bendito seáis
Vos, mi Dios, y alábeos todo lo criado, que esta merced tampoco se
puede servir, como otras muchas que me habéis hecho, que darme estado
de monja fue grandísima. Y como lo he sido tan ruin, no os
fiasteis, Señor, de mí, porque adonde había muchas juntas buenas
no se echara de ver así mi ruindad hasta que se me acabara la vida, y
trajísteisme adonde, por ser tan pocas que parece imposible dejarse de
entender, porque ande con más cuidado, quitáisme todas las
ocasiones. Ya no hay disculpa para mí, Señor, yo lo confieso, y
así he más menester vuestra misericordia, para que perdonéis la que
tuviere.
3. Lo que os pido mucho es que la que viere en sí no es para llevar
lo que aquí se acostumbra, lo diga. Otros monasterios hay adonde se
sirve tan bien el Señor. No turben estas poquitas que aquí Su
Majestad ha juntado. En otras partes hay libertad para consolarse con
deudos; aquí, si algunos se admiten, es para consuelo de los
mismos. Mas la monja que deseare ver deudos para su consuelo, si no
son espirituales, téngase por imperfecta; crea no está desasida, no
está sana, no tendrá libertad de espíritu, no tendrá entera paz,
menester ha médico, y digo que, si no se le quita y sana, que no es
para esta casa.
4. El remedio que veo mejor es no los ver hasta que se vea libre y lo
alcance del Señor con mucha oración. Cuando se vea de manera que lo
tome por cruz, véalos enhorabuena, que entonces les hará provecho a
ellos y no daño a sí.
|
|