|
1. Vamos a otras cosas que también importan harto, aunque parecen
menudas. Trabajo grande parece todo, y con razón, porque es guerra
contra nosotros mismos; mas comenzándose a obrar, obra Dios tanto en
el alma y hácela tantas mercedes, que todo le parece poco cuanto se
puede hacer en esta vida. Y pues las monjas hacemos lo más, que es
dar la libertad por amor de Dios poniéndola en otro poder, y pasan
tantos trabajos, ayunos, silencio, encerramiento, servir el coro,
que por mucho que nos queramos regalar es alguna vez, y por ventura
sola yo en muchos monasterios que he visto, pues ¿por qué nos hemos
de detener en mortificar lo interior, pues en esto está el ir todo
estotro muy más meritorio y perfecto, y después obrarlo con más
suavidad y descanso? Esto se adquiere con ir -como he dicho- poco a
poco, no haciendo nuestra voluntad y apetito, aun en cosas menudas,
hasta acabar de rendir el cuerpo al espíritu.
2. Torno a decir que está el todo o gran parte en perder cuidado de
nosotros mismos y nuestro regalo; que quien de verdad comienza a servir
al Señor, lo menos que le puede ofrecer es la vida. Pues le ha dado
su voluntad, ¿qué teme? Claro está que si es verdadero religioso o
verdadero orador, y pretende gozar regalos de Dios, que no ha de
volver las espaldas a desear morir por él y pasar martirio. Pues ¿ya
no sabéis, hermanas, que la vida del buen religioso y que quiere ser
de los allegados amigos de Dios es un largo martirio? Largo, porque
para compararle a los que de presto los degollaban, puédese llamar
largo; mas toda es corta la vida, y algunas cortísimas. ¿Y qué
sabemos si seremos de tan corta, que desde una hora o momento que nos
determinemos a servir del todo a Dios se acabe? Posible sería;
que, en fin, todo lo que tiene fin no hay que hacer caso de ello; y
pensando que cada hora es la postrera, ¿quién no la trabajará?
Pues creedme que pensar esto es lo más seguro.
3. Por eso mostrémonos a contradecir en todo nuestra voluntad; que
si traéis cuidado, como he dicho, sin saber cómo, poco a poco os
hallaréis en la cumbre. Mas ¡qué gran rigor parece decir no nos
hagamos placer en nada, como no se dice qué gustos y deleites trae
consigo esta contradicción y lo que se gana con ella! Aun en esta
vida, ¡qué seguridad! Aquí, como todas lo usáis, estáse lo
más hecho; unas a otras se despiertan y ayudan; en esto ha cada una
procurar ir adelante de las otras.
4. En los movimientos interiores se traiga mucha cuenta, en especial
si tocan en mayorías. Dios nos libre, por su Pasión, de decir ni
pensar para detenerse en ello "si soy más antigua", "si he más
años", "si he trabajado más", "si tratan a la otra mejor".
Estos pensamientos, si vinieren, es menester atajarlos con presteza;
que si se detienen en ellos, o lo ponen en plática, es pestilencia y
de donde nacen grandes males. Si tuvieren priora que consiente cosa de
éstas, por poco que sea, crean por sus pecados ha permitido Dios la
tengan para comenzarse a perder, y hagan gran oración porque dé el
remedio, porque están en gran peligro.
5. Podrá ser que digan "que para qué pongo tanto en esto" y "que
va con rigor"; "que regalos hace Dios a quien no está tan
desasido".
Yo lo creo, que con su sabiduría infinita ve que conviene para
traerlos a que lo dejen todo por El. No llamo "dejarlo", entrar en
religión, que impedimentos puede haber, y en cada parte puede el alma
perfecta estar desasida y humilde; ello a más trabajo suyo, que gran
cosa es el aparejo. Mas créanme una cosa, que si hay punto de honra
o de hacienda (y) esto tan bien puede haberlo en los monasterios como
fuera, aunque más quitadas están las ocasiones y mayor sería la
culpa), que aunque tengan muchos años de oración (o,) por mejor
decir, consideración, porque oración perfecta, en fin, quita estos
resabios), que nunca medrarán mucho ni llegarán a gozar el verdadero
fruto de la oración.
6. Mirad si os va algo, hermanas, en estas cosas, pues no estáis
aquí a otra cosa. Vosotras no quedáis más honradas, y el provecho
perdido para lo que podríais más ganar; así que deshonra y pérdida
cabe aquí junto.
Cada una mire en sí lo que tiene de humildad y verá lo que está
aprovechada. Paréceme que al verdadero humilde aun de primer
movimiento no osará el demonio tentarle en cosa de mayorías; porque,
como es tan sagaz, teme el golpe. Es imposible, si uno es humilde,
que no gane más fortaleza en esta virtud, y aprovechamiento, si el
demonio le tienta por ahí; porque está claro que ha de dar vuelta
sobre su vida, y mirar lo que ha servido con lo que debe al Señor, y
las grandezas que hizo en bajarse a sí para dejarnos ejemplo de
humildad, y mirar sus pecados y adónde merecía estar por ellos.
Sale el alma tan gananciosa, que no osa tornar otro día por no ir
quebrada la cabeza.
7. Este consejo tomad de mí y no se os olvide: que no sólo en lo
interior -que sería gran mal no quedar con ganancia-, mas en lo
exterior procurad la saquen las hermanas de vuestra tentación; si
queréis vengaros del demonio y libraros más presto de la tentación,
que así como os venga pidáis a la prelada que os mande hacer algún
oficio bajo o, como pudiereis, los hagáis vos, y andéis estudiando
en esto cómo doblar vuestra voluntad en cosas contrarias, que el
Señor os las descubrirá, y con esto durará poco la tentación.
Dios nos libre de personas que le quieren servir acordarse de honra.
Mirad que es mala ganancia, y -como he dicho- la misma honra se
pierde con desearla, en especial en las mayorías, que no hay tóxico
en el mundo que así mate como estas cosas la perfección.
8. Diréis "que son cosillas naturales, que no hay que hacer
caso".
No os burléis con eso, que crece como espuma, y no hay cosa pequeña
en tan notable peligro como son estos puntos de honra y mirar si nos
hicieron agravio. ¿Sabéis por qué, sin otras hartas cosas? Por
ventura en una comienza por poco y no es casi nada, y luego mueve el
demonio a que al otro le parezca mucho, y aun pensará es caridad
decirle que cómo consiente aquel agravio, que Dios le dé paciencia,
que se lo ofrezcáis, que no sufriera más un santo. Pone un
caramillo en la lengua de la otra, que ya que acabáis con vos de
sufrir, quedáis aún tentada de vanagloria de lo que no sufristeis con
la perfección que se había de sufrir.
9. Y es esta nuestra naturaleza tan flaca, que aun diciéndonos que
no hay qué sufrir, pensamos hemos hecho algo y lo sentimos, cuánto
más ver que lo sienten por nosotras. Y así va perdiendo el alma las
ocasiones que había tenido para merecer, y queda más flaca y abierta
la puerta al demonio para que otra vez venga con otra cosa peor; y aun
podrá acaecer, aun cuando vos queráis sufrirlo, que vengan a vos y
os dirán "que si sois bestia", "que bien es que se sientan las
cosas". ¡Oh, por amor de Dios, hermanas mías!, que a ninguna
le mueva indiscreta caridad para mostrar lástima de la otra en cosa que
toque a estos fingidos agravios, que es como la que tuvieron los amigos
del santo Job con él, y su mujer.
|
|