|
1. Bien creo que favorece el Señor mucho a quien bien se
determina, y por eso se ha de mirar qué intento tiene la que entra,
no sea sólo por remediarse (como) acaecerá a muchas), puesto que
el Señor puede perfeccionar este intento, si es persona de buen
entendimiento, que si no, en ninguna manera se tome; porque ni ella
se entenderá cómo entra, ni después a las que la quisieren poner en
lo mejor. Porque, por la mayor parte, quien esta falta tiene,
siempre les parece atinan más lo que les conviene que los más sabios;
y es mal que le tengo por incurable, porque por maravilla deja de traer
consigo malicia. Adonde hay muchas, podráse tolerar, y entre tan
pocas no se podrá sufrir.
2. Un buen entendimiento, si se comienza a aficionar al bien,
ásese a él con fortaleza, porque ve es lo más acertado; y cuando no
aproveche para mucho espíritu, aprovechará para buen consejo y para
hartas cosas, sin cansar a nadie. Cuando éste falta, yo no sé para
qué puede aprovechar en comunidad, y podría dañar harto.
Esta falta no se ve muy en breve, porque muchas hablan bien y
entienden mal, y otras hablan corto y no muy cortado, y tienen
entendimiento para mucho bien. Que hay unas simplicidades santas que
saben poco para negocios y estilo de mundo, y mucho para tratar con
Dios. Por eso es menester gran información para tomarlas y larga
probación para hacerlas profesas. Entienda una vez el mundo que
tenéis libertad para echarlas, que en monasterio donde hay asperezas,
muchas ocasiones hay, y como se use, no lo tendrán por agravio.
3. Digo esto, porque son tan desventurados estos tiempos y tanta
nuestra flaqueza, que no basta tenerlo por mandamiento de nuestros
pasados, para que dejemos de mirar lo que han tomado por honra los
presentes para no agraviar los deudos. Plega a Dios no lo paguemos en
la otra vida las que las admitimos, que nunca falta un color con que
nos hacemos entender se sufre hacerlo.
4. Y éste es un negocio que cada una por sí le había de mirar y
encomendar a Dios y animar a la prelada, pues es cosa que tanto
importa. Y así suplico a Dios en ello os dé luz, que harto bien
tenéis en no recibir dotes, que adonde se toman podría acaecer que
por no tornar a dar el dinero -que ya no lo tienen- dejen el ladrón
en casa que les robe el tesoro, que no es pequeña lástima.
Vosotras, para en este caso, no la tengáis de nadie, porque será
dañar a quien pretendéis hacer provecho.
|
|