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y que el verdadero humilde ha de ir contento por el camino que le
llevare el Señor.
1. Parece que me voy entrando en la oración, y fáltame un poco por
decir, que importa mucho, porque es de la humildad y es necesario en
esta casa; porque es el ejercicio principal de oración y, como he
dicho, cumple mucho tratéis de entender cómo ejercitaros mucho en la
humildad, y éste es un gran punto de ella y muy necesario para todas
las personas que se ejercitan en oración: ¿cómo podrá el verdadero
humilde pensar que es él tan bueno como los que llegan a ser
contemplativos? Que Dios le puede hacer tal, sí, por su bondad y
misericordia. Mas, de mi consejo, siempre se siente en el más bajo
lugar, que así nos dijo el Señor lo hiciésemos y nos lo enseñó
por la obra. Dispóngase para si Dios le quisiere llevar por ese
camino. Cuando no, para eso es la humildad, para tenerse por dichosa
en servir a las siervas del Señor y alabarle porque, mereciendo ser
sierva de los demonios en el infierno, la trajo Su Majestad entre
ellas.
2. No digo esto sin gran causa, porque, como he dicho, es cosa que
importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino, y por
ventura el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto en
los ojos del Señor.
Así que no porque en esta casa todas traten de oración, han de ser
todas contemplativas. Es imposible. Y será gran desconsolación
para la que no lo es, no entender esta verdad, que esto es cosa que lo
da Dios; y pues no es necesario para la salvación, ni nos lo pide de
premio, no piense se lo pedirá nadie. Que por eso no dejará de ser
muy perfecta si hace lo que queda dicho. Antes podrá ser tenga mucho
más mérito, porque es a más trabajo suyo y la lleva el Señor como
a fuerte y la tiene guardado junto todo lo que aquí no goza. No por
eso desmaye ni deje la oración y de hacer lo que todas, que a las
veces viene el Señor muy tarde y paga tan bien y tan por junto como en
muchos años ha ido dando a otros.
3. Yo estuve más de catorce que nunca podía tener aun meditación
sino junto con lección. Habrá muchas personas de este arte, y otras
que, aunque sea con la lección, no puedan tener meditación, sino
rezar vocalmente, y aquí se detienen más. Hay pensamientos tan
ligeros que no pueden estar en una cosa, sino siempre desasosegados, y
en tanto extremo que, si quieren detenerle a pensar en Dios, se les
va a mil disparates y escrúpulos y dudas.
Yo conozco una persona bien vieja, de harto buena vida, penitente y
muy sierva de Dios, y gasta hartas horas, hartos años ha, en
oración vocal, y en mental no hay remedio; cuando más puede, poco a
poco en las oraciones vocales se va deteniendo. Y otras personas hay
hartas de esta manera, y si hay humildad, no creo yo saldrán peor
libradas al cabo, sino muy en igual de los que llevan muchos gustos, y
con más seguridad en parte; porque no sabemos si los gustos son de
Dios o si los pone el demonio. Y si no son de Dios, es más
peligro, porque en lo que él trabaja aquí es en poner soberbia; que
si son de Dios, no hay que temer; consigo traen la humildad, como
escribí muy largo en el otro libro.
4. Estotros andan con humildad, sospechosos que es por su culpa,
siempre con cuidado de ir adelante. No ven a otros llorar una
lágrima, que, si ella no las tiene, no le parezca está muy atrás
en el servicio de Dios, y debe estar por ventura muy más adelante;
porque no son las lágrimas, aunque son buenas, todas perfectas; y la
humildad y mortificación y desasimiento y otras virtudes, siempre hay
más seguridad. No hay qué temer, ni hayáis miedo que dejéis de
llegar a la perfección como los muy contemplativos.
5. Santa era santa Marta, aunque no dicen era contemplativa. Pues
¿qué más queréis que poder llegar a ser como esta bienaventurada,
que mereció tener a Cristo nuestro Señor tantas veces en su casa y
darle de comer y servirle y comer a su mesa? Si se estuviera como la
Magdalena, embebidas, no hubiera quien diera de comer a este divino
Huésped. Pues pensad que es esta congregación la casa de santa
Marta y que ha de haber de todo. Y las que fueren llevadas por la
vida activa, no murmuren a las que mucho se embebieren en la
contemplación, pues saben ha de tornar el Señor de ellas, aunque
callen, que, por la mayor parte, hace descuidar de sí y de todo.
6. Acuérdense que es menester quien le guise la comida, y ténganse
por dichosas en andar sirviendo con Marta. Miren que la verdadera
humildad está mucho en estar muy prontos en contentarse con lo que el
Señor quisiere hacer de ellos, y siempre hallarse indignos de
llamarse sus siervos. Pues si contemplar y tener oración mental y
vocal y curar enfermos y servir en las cosas de casa y trabajar -sea en
lo más bajo-, todo es servir al Huésped que se viene con nosotras a
estar y a comer y recrear, ¿qué más se nos da en lo uno que en lo
otro?
7. No digo yo que quede por nosotras, sino que lo probéis todo,
porque no está esto en vuestro escoger, sino en el del Señor. Mas
si después de muchos años quisiere a cada una para su oficio, gentil
humildad será querer vosotras escoger. Dejad hacer al Señor de la
casa. Sabio es, poderoso es, entiende lo que os conviene y lo que le
conviene a El también. Estad seguras que haciendo lo que es en
vosotras y aparejándoos para contemplación con la perfección que
queda dicha, que si El no os la da (lo) que creo no dejará de dar,
si es de veras el desasimiento y humildad), que os tiene guardado este
regalo para dároslo junto en el cielo, y que -como otra vez he
dicho- os quiere llevar como a fuertes, dándoos acá cruz como
siempre Su Majestad la tuvo. ¿Y qué mejor amistad que querer lo
que quiso para Sí para vos? Y pudiera ser no tuvierais tanto premio
en la contemplación. Juicios son suyos, no hay que meternos en
ellos. Harto bien es que no quede a nuestro escoger, que luego -como
nos parece más descanso- fuéramos todos grandes contemplativos.
¡Oh gran ganancia, no querer ganar por nuestro parecer para no temer
pérdida, pues nunca permite Dios la tenga el bien mortificado, sino
para ganar más!
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