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1. Sabiendo las hermanas de este monasterio de San José cómo
tenía licencia del Padre Presentado Fray Domingo Bañes, de la
Orden del glorioso Santo Domingo, que al presente es mi confesor,
para escribir algunas cosas de oración en que parece podré atinar por
haber tratado con muchas personas espirituales y santas, me han tanto
importunado les diga algo de ella, que me he determinado a las
obedecer, viendo que el amor grande que me tienen puede hacer más
acepto lo imperfecto y por mal estilo que yo les dijere, que algunos
libros que están muy bien escritos de quien sabía lo que escribe. Y
confío en sus oraciones que podrá ser por ellas el Señor se sirva
acierte a decir algo de lo que al modo y manera de vivir que se lleva en
esta casa conviene. Y si fuere mal acertado, el Padre Presentado
que lo ha de ver primero, lo remediará o lo quemará, y yo no habré
perdido nada en obedecer a estas siervas de Dios, y verán lo que
tengo de mí cuando Su Majestad no me ayuda.
2. Pienso poner algunos remedios para algunas tentaciones menudas que
pone el demonio, que -por serlo tanto- por ventura no hacen caso de
ellas, y otras cosas, como el Señor me diere a entender y se me
fueren acordando, que como no sé lo que he de decir, no puedo decirlo
con concierto; y creo es lo mejor no le llevar, pues es cosa tan
desconcertada hacer yo esto. El Señor ponga en todo lo que hiciere
sus manos para que vaya conforme a su santa voluntad, pues son éstos
mis deseos siempre, aunque las obras tan faltas como yo soy.
3. Sé que no falta el amor y deseo en mí para ayudar en lo que yo
pudiere para que las almas de mis hermanas vayan muy adelante en el
servicio del Señor. Y este amor, junto con los años y experiencia
que tengo de algunos monasterios, podrá ser aproveche para atinar en
cosas menudas más que los letrados, que por tener otras ocupaciones
más importantes y ser varones fuertes no hacen tanto caso de cosas que
en sí no parecen nada, y a cosa tan flaca como somos las mujeres todo
nos puede dañar; porque las sutilezas del demonio son muchas para las
muy encerradas, que ven son menester armas nuevas para dañar. Yo,
como ruin, heme sabido mal defender, y así querría escarmentasen mis
hermanas en mí. No diré cosa que en mí, o por verla en otras, no
la tenga por experiencia.
4. Pocos días ha me mandaron escribiese cierta relación de mi
vida, adonde también traté algunas cosas de oración. Podrá ser no
quiera mi confesor le veáis, y por esto pondré aquí alguna cosa de
lo que allí va dicho y otras que también me parecerán necesarias.
El Señor lo ponga por su mano, como le he suplicado, y lo ordene
para su mayor gloria, amén.
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