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1. Pues yo os digo, hijas, a las que no lleva Dios por este
camino, que a lo que he visto y entendido de los que van por él, que
no llevan la cruz más liviana y que os espantaríais por las vías y
maneras que las da Dios. Yo sé de unos y de otros, y sé claro que
son intolerables los trabajos que Dios da a los contemplativos, y son
de tal suerte, que si no les diese aquel manjar de gustos no se
podrían sufrir. Y está claro que, pues lo es que a los que Dios
mucho quiere lleva por camino de trabajos, y mientras más los ama,
mayores, no hay por qué creer que tiene aborrecidos los
contemplativos, pues por su boca los alaba y tiene por amigos.
2. Pues creer que admite a su amistad estrecha gente regalada y sin
trabajos, es disparate. Tengo por muy cierto se los da Dios mucho
mayores. Y así como los lleva por camino barrancoso y áspero, y a
las veces que les parece se pierden y han de comenzar de nuevo a
tornarle a andar, que así ha menester Su Majestad darles
mantenimiento, y no de agua, sino de vino, para que, emborrachados,
no entiendan lo que pasan, y lo puedan sufrir. Y así pocos veo
verdaderos contemplativos que no los vea animosos y determinados a
padecer; que lo primero que hace el Señor, si son flacos, es
ponerles ánimo y hacerlos que no teman trabajos.
3. Creo piensan los de la vida activa, por un poquito que los ven
regalados, que no hay más que aquello. Pues yo digo que por ventura
un día de los que pasan no lo pudieseis sufrir. Así que el Señor,
como conoce a todos para lo que son, da a cada uno su oficio, el que
más ve conviene a su alma y al mismo Señor y al bien de los
prójimos; y como no quede por no os haber dispuesto, no hayáis miedo
se pierda vuestro trabajo. Mirad que digo que todas lo procuremos,
pues no estamos aquí a otra cosa; y no un año, ni dos solos, ni aun
diez, porque no parezca lo dejamos de cobardes, y es bien que el
Señor entienda no queda por nosotras; como los soldados que, aunque
mucho hayan servido, siempre han de estar a punto para que el capitán
los mande en cualquier oficio que quiera ponerlos, pues les ha de dar
su sueldo. ¡Y cuán mejor pagado lo paga nuestro Rey que los de la
tierra!
4. Como los ve presentes y con gana de servir y tiene ya entendido
para lo que es cada uno, reparte los oficios como ve las fuerzas; y si
no estuviesen presentes, no les daría nada ni mandaría en qué
sirviesen.
Así que, hermanas, oración mental, y quien ésta no pudiere,
vocal y lección y coloquios con Dios, como después diré. No se
deje las horas de oración que todas. No sabe cuándo llamará el
Esposo (no) os acaezca como a las vírgenes locas) y la querrá dar
más trabajo, disfrazado con gusto. Si no, entiendan no son para
ello y que les conviene aquello, y aquí entra el merecer con la
humildad creyendo con verdad que aun para lo que hacen no son.
5. Andar alegres sirviendo en lo que les mandan, como he dicho; y
si es de veras esta humildad, bienaventurada tal sierva de vida
activa, que no murmurará sino de sí. Deje a las otras con su
guerra, que no es pequeña. Porque aunque en las batallas el alférez
no pelea, no por eso deja de ir en gran peligro, y en lo interior debe
de trabajar más que todos; porque como lleva la bandera, no se puede
defender, y aunque le hagan pedazos no la ha de dejar de las manos.
Así los contemplativos han de llevar levantada la bandera de la
humildad y sufrir cuantos golpes les dieren sin dar ninguno; porque su
oficio es padecer como Cristo, llevar en alto la cruz, no la dejar de
las manos por peligros en que se vean, ni que vean en él flaqueza en
padecer; para eso le dan tan honroso oficio. Mire lo que hace,
porque si él deja la bandera, perderse ha la batalla. Y así creo
que se hace gran daño en los que no están tan adelante, si a los que
tienen ya en cuento de capitanes y amigos de Dios les ven no ser sus
obras conforme al oficio que tienen.
6. Los demás soldados vanse como pueden, y a las veces se apartan
de donde ven el mayor peligro, y no los echa nadie de ver ni pierden
honra; estotros llevan todos los ojos en ellos, no se pueden bullir.
Así que bueno es el oficio, y honra grande y merced hace el rey a
quien le da, mas no se obliga a poco en tomarle. Así que,
hermanas, no sabemos lo que pedimos; dejemos hacer al Señor; que
hay algunas personas que por justicia parece quieren pedir a Dios
regalos. ¡Donosa manera de humildad! Por eso hace bien el conocedor
de todos, que pocas veces creo lo da a éstos: ve claro que no son
para beber el cáliz.
7. Vuestro entender, hijas, si estáis aprovechadas, será en si
entendiere cada una es la más ruin de todas, y esto que se entienda en
sus obras que lo conoce así para aprovechamiento y bien de las otras;
y no en la que tiene más gustos en la oración y arrobamientos o
visiones o mercedes que hace el Señor de esta suerte, que hemos de
aguardar al otro mundo para ver su valor. Estotro es moneda que se
corre, es renta que no falta, son juros perpetuos y no censos de al
quitar, que estotro quítase y pónese; una virtud grande de humildad
y mortificación, de gran obediencia en no ir en un punto contra lo que
manda el prelado, que sabéis verdaderamente que os lo manda Dios,
pues está en su lugar.
En esto de obediencia es en lo que más había de poner, y por
parecerme que, si no la hay, es no ser monjas, no digo nada de ello,
porque hablo con monjas, y a mi parecer buenas, al menos que lo desean
ser. En cosa tan sabida e importante, no más de una palabra porque
no se olvide.
8. Digo que quien estuviere por voto debajo de obediencia y faltare
no trayendo todo cuidado en cómo cumplirá con mayor perfección este
voto, que no sé para qué está en el monasterio; al menos yo la
aseguro que mientras aquí faltare, que nunca llegue a ser
contemplativa ni aun buena activa; y esto tengo por muy muy cierto. Y
aunque no sea persona que tiene a esto obligación, si quiere o
pretende llegar a contemplación, ha menester, para ir muy acertada,
dejar su voluntad con toda determinación en un confesor que sea tal.
Porque esto es ya cosa muy sabida, que aprovechan más de esta suerte
en un año que sin esto en muchos, y para vosotras no es menester, no
hay que hablar de ello.
9. Concluyo con que estas virtudes son las que yo deseo tengáis,
hijas mías, y las que procuréis y las que santamente envidiéis.
Esotras devociones no curéis de tener pena por no tenerlas; es cosa
incierta. Podrá ser en otras personas sean de Dios, y en vos
permitirá Su Majestad sea ilusión del demonio y que os engañe,
como ha hecho a otras personas. En cosa dudosa ¿para qué queréis
servir al Señor, teniendo tanto en qué seguro? ¿Quién os mete en
esos peligros?
10. Heme alargado tanto en esto, porque sé conviene, que esta
nuestra naturaleza es flaca, y a quien Dios quisiere dar la
contemplación, Su Majestad le hará fuerte; a los que no, heme
holgado de dar estos avisos, por donde también se humillarán los
contemplativos.
El Señor, por quien es, nos dé luz para seguir en todo su
voluntad, y no habrá de qué temer.
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