|
1. Ahora, pues, tornemos a nuestra oración vocal para que se rece
de manera que, sin entendernos, nos lo dé Dios todo junto, y para
-como he dicho- rezar como es razón.
La examinación de la conciencia y decir la confesión y santiguaros,
ya se sabe ha de ser lo primero.
Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues
¿qué mejor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais
a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué
amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis no
estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y
El ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no
le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre;
ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes:
¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?
2. ¡Oh hermanas, las que no podéis tener mucho discurso del
entendimiento ni podéis tener el pensamiento sin divertiros!,
¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que sé yo que podéis hacer
esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el
pensamiento en una cosa, y eslo muy grande. Mas sé que no nos deja
el Señor tan desiertos, que si llegamos con humildad a pedírselo,
no nos acompañe. Y si en un año no pudiéremos salir con ello, sea
en más. No nos duela el tiempo en cosa que tan bien se gasta.
¿Quién va tras nosotros? Digo que esto, que puede acostumbrarse a
ello, y trabajar andar cabe este verdadero Maestro.
3. No os pido ahora que penséis en El ni que saquéis muchos
conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro
entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues ¿quién os
quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto si no podéis
más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no
podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues
nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de vosotras. Haos
sufrido mil cosas feas y abominaciones contra El y no ha bastado para
que os deje de mirar, ¿y es mucho que, quitados los ojos de estas
cosas exteriores, le miréis algunas veces a El? Mirad que no está
aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos.
Como le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a
mirar, que no quedará por diligencia suya.
4. Así como dicen ha de hacer la mujer, para ser bien casada, con
su marido, que si está triste, se ha de mostrar ella triste y si
está alegre, aunque nunca lo esté, alegre (mirad) de qué
sujeción os habéis librado, hermanas), esto con verdad, sin
fingimiento, hace el Señor con nosotros: que El se hace el sujeto,
y quiere seáis vos la señora, y andar El a vuestra voluntad. Si
estáis alegre, miradle resucitado; que sólo imaginar cómo salió
del sepulcro os alegrará. Mas ¡con qué claridad y con qué
hermosura! ¡Con qué majestad, qué victorioso, qué alegre! Como
quien tan bien salió de la batalla adonde ha ganado un tan gran reino,
que todo le quiere para vos, y a sí con él. Pues ¿es mucho que a
quien tanto os da volváis una vez los ojos a mirarle?
5. Si estáis con trabajos o triste, miradle camino del huerto:
¡qué aflicción tan grande llevaba en su alma, pues con ser el mismo
sufrimiento la dice y se queja de ella! O miradle atado a la columna,
lleno de dolores, todas sus carnes hechas pedazos por lo mucho que os
ama; tanto padecer, perseguido de unos, escupido de otros, negado de
sus amigos, desamparado de ellos, sin nadie que vuelva por El,
helado de frío, puesto en tanta soledad, que el uno con el otro os
podéis consolar. O miradle cargado con la cruz, que aun no le
dejaban hartar de huelgo. Miraros ha El con unos ojos tan hermosos y
piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar
los vuestros, sólo porque os vayáis vos con El a consolar y volváis
la cabeza a mirarle.
6. "¡Oh Señor del mundo, verdadero Esposo mío! -le podéis
vos decir, si se os ha enternecido el corazón de verle tal, que no
sólo queráis mirarle, sino que os holguéis de hablar con El, no
oraciones compuestas, sino de la pena de vuestro corazón, que las
tiene El en muy mucho-, ¿tan necesitado estáis, Señor mío y
Bien mío, que queréis admitir una pobre compañía como la mía, y
veo en vuestro semblante que os habéis consolado conmigo? Pues
¿cómo, Señor, es posible que os dejan solo los ángeles, y que
aun no os consuela vuestro Padre? Si es así, Señor, que todo lo
queréis pasar por mí, ¿qué es esto que yo paso por Vos? ¿De
qué me quejo? Que ya he vergüenza, de que os he visto tal, que
quiero pasar, Señor, todos los trabajos que me vinieren y tenerlos
por gran bien por imitaros en algo. Juntos andemos, Señor. Por
donde fuereis, tengo de ir. Por donde pasareis, tengo de pasar".
7. Tomad, hija, de aquella cruz. No se os dé nada de que os
atropellen los judíos, porque El no vaya con tanto trabajo. No
hagáis caso de lo que os dijeren. Haceos sorda a las murmuraciones.
Tropezando, cayendo con vuestro Esposo, no os apartéis de la cruz
ni la dejéis. Mirad mucho el cansancio con que va y las ventajas que
hace su trabajo a los que vos padecéis, por grandes que los queráis
pintar. Y por mucho que los queráis sentir, saldréis consolada de
ellos, porque veréis son cosa de burla comparados a los del Señor.
8. Diréis, hermanas, que cómo se podrá hacer esto, que si le
vierais con los ojos del cuerpo en el tiempo que Su Majestad andaba en
el mundo, que lo hicierais de buena gana y le mirarais siempre.
No lo creáis, que quien ahora no se quiere hacer un poquito de fuerza
a recoger siquiera la vista para mirar dentro de sí a este Señor
(que) lo puede hacer sin peligro, sino con tantito cuidado), muy
menos se pusiera al pie de la cruz con la Magdalena, que veía la
muerte al ojo. Mas ¡qué debía pasar la gloriosa Virgen y esta
bendita Santa! ¡Qué de amenazas, qué de malas palabras y qué de
encontrones, y qué descomedidas! Pues ¡con qué gente lo habían
tan cortesana! Sí, lo era del infierno, que eran ministros del
demonio. Por cierto que debía ser terrible cosa lo que pasaron; sino
que, con otro dolor mayor, no sentirían el suyo.
Así que, hermanas, no creáis erais para tan grandes trabajos, si
no sois para cosas tan pocas. Ejercitándoos en ellas, podéis venir
a otras mayores.
9. Lo que podéis hacer para ayuda de esto, procurad traer una
imagen o retrato de este Señor que sea a vuestro gusto; no para
traerle en el seno y nunca le mirar, sino para hablar muchas veces con
El, que El os dará qué le decir. Como habláis con otras
personas, ¿por qué os han más de faltar palabras para hablar con
Dios? No lo creáis; al menos yo no os creeré, si lo usáis;
porque si no, el no tratar con una persona causa extrañeza y no saber
cómo nos hablar con ella, que parece no la conocemos, y aun aunque
sea deudo, porque deudo y amistad se pierde con la falta de
comunicación.
10. También es gran remedio tomar un libro de romance bueno, aun
para recoger el pensamiento, para venir a rezar bien vocalmente, y
poquito a poquito ir acostumbrando el alma con halagos y artificio para
no la amedrentar. Haced cuenta que ha muchos años que se ha ido de
con su esposo, y que hasta que quiera tornar a su casa es menester
mucho saberlo negociar, que así somos los pecadores: tenemos tan
acostumbrada nuestra alma y pensamiento a andar a su placer, o pesar,
por mejor decir, que la triste alma no se entiende, que para que torne
a tomar amor a estar en su casa es menester mucho artificio, y si no es
así y poco a poco, nunca haremos nada.
Y tórnoos a certificar que si con cuidado os acostumbráis a lo que he
dicho, que sacaréis tan gran ganancia que, aunque yo os la quisiera
decir, no sabré. Pues juntaos cabe este buen Maestro, muy
determinadas a deprender lo que os enseña, y Su Majestad hará que
no dejéis de salir buenas discípulas, ni os dejará si no le
dejáis. Mirad las palabras que dice aquella boca divina, que en la
primera entenderéis luego el amor que os tiene, que no es pequeño
bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama.
|
|