|
1. Huid, por amor de Dios, hijas, de dárseos nada de estos
favores. Procure cada una hacer lo que debe, que si el prelado no se
lo agradeciere, segura puede estar lo pagará y agradecerá el
Señor. Sí, que no venimos aquí a buscar premio en esta vida.
Siempre el pensamiento en lo que dura, y de lo de acá ningún caso
hagamos, que aun para lo que se vive no es durable; que hoy está bien
con la una; mañana, si ve una virtud más en vos, estará mejor con
vos, y si no, poco va en ello. No deis lugar a estos pensamientos,
que a las veces comienzan por poco y os pueden desasosegar mucho, sino
atajadlos con que no es acá vuestro reino y cuán presto tiene todo
fin.
2. Mas aun esto es bajo remedio, y no mucha perfección. Lo mejor
es que dure, y vos desfavorecida y abatida, y lo queráis estar por el
Señor que está con vos. Poned los ojos en vos y miraos
interiormente, como queda dicho; hallaréis vuestro Maestro, que no
os faltará, antes mientras menos consolación exterior, más regalo
os hará. Es muy piadoso, y a personas afligidas y desfavorecidas
jamás falta, si confían en El solo. Así lo dice David, que
está el Señor con los afligidos. O creéis esto o no. Si lo
creéis, ¿de qué os matáis?
3. ¡Oh Señor mío, que si de veras os conociésemos, no se nos
daría nada de nada, porque dais mucho a los que de veras se quieren
fiar de Vos! Creed, amigas, que es gran cosa entender es verdad
esto, para ver que los favores de acá todos son mentira cuando
desvían algo el alma de andar dentro de sí. ¡Oh, válgame Dios,
quién os hiciese entender esto! No yo, por cierto. Sé que con
deber yo más que ninguno, no acabo de entenderlo como se ha de
entender.
4. Pues tornando a lo que decía, quisiera yo saber declarar cómo
está esta compañía santa con nuestro acompañador, Santo de los
Santos, sin impedir a la soledad que ella y su Esposo tienen, cuando
esta alma dentro de sí quiere entrarse en este paraíso con su Dios,
y cierra la puerta tras sí a todo lo del mundo. Digo "quiere",
porque entended que esto no es cosa sobrenatural, sino que está en
nuestro querer y que podemos nosotros hacerlo con el favor de Dios,
que sin éste no se puede nada, ni podemos de nosotros tener un buen
pensamiento. Porque esto no es silencio de las potencias; es
encerramiento de ellas en sí misma el alma.
5. Vase ganando esto de muchas maneras, como está escrito en
algunos libros, que nos hemos de desocupar de todo para llegarnos
interiormente a Dios, y aun en las mismas ocupaciones retirarnos a
nosotros mismos. Aunque sea por un momento solo, aquel acuerdo de que
tengo compañía dentro de mí es gran provecho. En fin, irnos
acostumbrando a gustar de que no es menester dar voces para hablarle,
porque Su Majestad se dará a sentir cómo está allí.
6. De esta suerte rezaremos con mucho sosiego vocalmente, y es
quitarnos de trabajo. Porque a poco tiempo que forcemos a nosotros
mismos para estarnos cerca de este Señor, nos entenderá por señas,
de manera que si habíamos de decir muchas veces el Paternóster, nos
entenderá de una. Es muy amigo de quitarnos de trabajo. Aunque en
una hora no le digamos más de una vez, como entendamos estamos con El
y lo que le pedimos y la gana que tiene de darnos y cuán de buena gana
se está con nosotros, no es amigo de que nos quebremos las cabezas
hablándole mucho.
7. El Señor lo enseñe a las que no lo sabéis, que de mí os
confieso que nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que
el Señor me enseñó este modo. Y siempre he hallado tantos
provechos de esta costumbre de recogimiento dentro de mí, que eso me
ha hecho alargar tanto.
Concluyo con que quien lo quisiere adquirir -pues, como digo, está
en nuestra mano-, no se canse de acostumbrarse a lo que queda dicho,
que es señorearse poco a poco de sí mismo, no se perdiendo en balde;
sino ganarse a sí para sí, que es aprovecharse de sus sentidos para
lo interior. Si hablare, procurar acordarse que hay con quien hable
dentro de sí mismo. Si oyere, acordarse que ha de oír a quien más
cerca le habla. En fin, traer cuenta que puede, si quiere, nunca se
apartar de tan buena compañía, y pesarle cuando mucho tiempo ha
dejado solo a su Padre, que está necesitada de él. Si pudiere,
muchas veces en el día; si no, sea pocas. Como lo acostumbrare,
saldrá con ganancia, o presto o más tarde. Después que se lo dé
el Señor, no lo trocaría por ningún tesoro.
8. Pues nada se deprende sin un poco de trabajo, por amor de Dios,
hermanas, que deis por bien empleado el cuidado que en esto gastareis.
Y yo sé que, si le tenéis, en un año y quizá en medio, saldréis
con ello, con el favor de Dios. Mirad qué poco tiempo para tan gran
ganancia como es hacer buen fundamento para si quisiere el Señor
levantaros a grandes cosas, que halle en vos aparejo, hallándoos
cerca de sí. Plega a Su Majestad no consienta nos apartemos de su
presencia, amén.
|
|