|
1. Pues entendiendo, como he dicho, el buen Jesús cuán
dificultosa cosa era ésta que ofrece por nosotros, conociendo nuestra
flaqueza y que muchas veces hacemos entender que no entendemos cuál es
la voluntad del Señor -como somos flacos y El tan piadoso-, y que
era menester medio, porque dejar de dar lo dado vio que en ninguna
manera nos conviene, porque está en ello toda nuestra ganancia; pues
cumplirlo vio ser dificultoso, porque decir a un regalado y rico que es
la voluntad de Dios que tenga cuenta con moderar su plato para que
coman otros siquiera pan, que mueren de hambre, sacará mil razones
para no entender esto, sino a su propósito; pues decir a un
murmurador que es la voluntad de Dios querer tanto para su prójimo
como para sí, no lo puede poner a paciencia ni basta razón para que
lo entienda; pues decir a un religioso que está mostrado a libertad y
a regalo, que ha de tener cuenta con que ha de dar ejemplo y que mire
que ya no son solas palabras con las que ha de cumplir cuando dice esta
palabra, sino que lo ha jurado y prometido, y que es voluntad de Dios
que cumpla sus votos, y mire que si da escándalo que va muy contra
ellos, aunque no del todo los quebrante; que ha prometido pobreza,
que la guarde sin rodeos, que esto es lo que el Señor quiere; no hay
remedio aun ahora de quererlo algunos, ¿qué hiciera si el Señor no
hiciera lo más con el remedio que puso? No hubiera sino muy poquitos
que cumplieran esta palabra que por nosotros dijo al Padre, de "fiat
voluntas tua".
Pues visto el buen Jesús la necesidad, buscó un medio admirable
adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y
en el de sus hermanos pidió esta petición: "El pan nuestro de cada
día, dánoslo hoy, Señor".
Entendamos, hermanas, por amor de Dios, esto que pide nuestro buen
Maestro, que nos va la vida en no pasar de corrida por ello, y tened
en muy poco lo que habéis dado pues tanto habéis de recibir.
2. Paréceme ahora a mí -debajo de otro mejor parecer- que visto
el buen Jesús lo que había dado por nosotros y cómo nos importa
tanto darlo y la gran dificultad que había -como está dicho- por ser
nosotros tales y tan inclinados a cosas bajas y de tan poco amor y
ánimo, que era menester ver el suyo para despertarnos, y no una vez,
sino cada día, que aquí se debía determinar de quedarse con
nosotros. Y como era cosa tan grave y de tanta importancia, quiso que
viniese de la mano del Eterno Padre. Porque, aunque son una misma
cosa, y sabía que lo que El hiciese en la tierra lo haría Dios en
el cielo y lo tendría por bueno, pues su voluntad y la de su Padre
era una, era tanta la humildad del buen Jesús que quiso como pedir
licencia, porque ya sabía era amado del Padre y que se deleitaba en
El. Bien entendió que pedía más en esto que ha pedido en lo
demás, porque ya sabía la muerte que le habían de dar, y las
deshonras y afrentas que había de padecer.
3. Pues ¿qué padre hubiera, Señor, que habiéndonos dado a su
hijo, y tal hijo, y parándole tal, quisiera consentir se quedara
entre nosotros cada día a padecer? Por cierto, ninguno, Señor,
sino el vuestro. Bien sabéis a quién pedís.
¡Oh, válgame Dios, qué gran amor del Hijo, y qué gran amor del
Padre! Aun no me espanto tanto del buen Jesús, porque como había
ya dicho "fiat voluntas tua", habíalo de cumplir como quien es.
¡Sí, que no es como nosotros! Pues como sabe la cumple con amarnos
como a Sí, así andaba a buscar cómo cumplir con mayor
cumplimiento, aunque fuese a su costa, este mandamiento. Mas Vos,
Padre Eterno, ¿cómo lo consentisteis? ¿Por qué queréis cada
día ver en tan ruines manos a vuestro Hijo? Ya que una vez
quisisteis lo estuviese y lo consentisteis, ya veis cómo le pararon.
¿Cómo puede vuestra piedad cada día, cada día, verle hacer
injurias? ¡Y cuántas se deben hoy hacer a este Santísimo
Sacramento! ¡En qué de manos enemigas suyas le debe de ver el
Padre! ¡Qué de desacatos de estos herejes!
4. ¡Oh Señor eterno! ¿Cómo aceptáis tal petición? ¿Cómo
lo consentís? No miréis su amor, que a trueco de hacer
cumplidamente vuestra voluntad y de hacer por nosotros, se dejará cada
día hacer pedazos. Es vuestro de mirar, Señor mío, ya que a
vuestro Hijo no se le pone cosa delante, por qué ha de ser todo
nuestro bien a su costa. ¿Porque calla a todo y no sabe hablar por
sí sino por nosotros? Pues ¿no ha de haber quien hable por este
amantísimo Cordero?
He mirado yo cómo en esta petición sola duplica las palabras, porque
dice primero y pide que le deis este pan cada día, y torna a decir
"dádnoslo hoy, Señor". Pone también delante a su Padre. Es
como decirle que ya una vez nos le dio para que muriese por nosotros,
que ya nuestro es, que no nos le torne a quitar hasta que se acabe el
mundo; que le deje servir cada día. Esto os enternezca el corazón,
hijas mías, para amar a vuestro Esposo, que no hay esclavo que de
buena gana diga que lo es, y que el buen Jesús parece se honra de
ello.
5. ¡Oh Padre Eterno! ¡Qué mucho merece esta humildad! ¿Con
qué tesoro compramos a vuestro Hijo? Venderle, ya sabemos que por
treinta dineros; mas para comprarle no hay precio que baste. Como se
hace aquí una cosa con nosotros por la parte que tiene de nuestra
naturaleza y como señor de su voluntad, lo acuerda a su Padre, que
pues es suya, que nos la puede dar. Y así dice: "pan nuestro".
No hace diferencia de El a nosotros; mas hacémosla nosotros de El,
para no nos dar cada día por Su Majestad.
|
|