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1. Pues guardaos también, hijas, de unas humildades que pone el
demonio con gran inquietud de la gravedad de nuestros pecados, que
suele apretar aquí de muchas maneras, hasta apartarse de las
comuniones y de tener oración particular (por) no lo merecer, les
pone el demonio); y cuando llegan al Santísimo Sacramento, en si
se aparejaron bien o no, se les va el tiempo que habían de recibir
mercedes. Llega la cosa a término de hacer parecer a un alma que,
por ser tal, la tiene Dios tan dejada, que casi pone duda en su
misericordia. Todo le parece peligro lo que trata, y sin fruto lo que
sirve, por bueno que sea. Dale una desconfianza que, se le caen los
brazos para hacer ningún bien, porque le parece que lo que lo es en
los otros, en ella es mal.
2. Mirad mucho, hijas, en este punto que os diré, porque algunas
veces podrá ser humildad y virtud teneros por tan ruin, y otras
grandísima tentación. Porque yo he pasado por ella, la conozco.
La humildad no inquieta ni desasosiega ni alborota el alma, por grande
que sea; sino viene con paz y regalo y sosiego. Aunque uno, de verse
ruin, entienda claramente merece estar en el infierno, y se aflige y
le parece con justicia todos le habían de aborrecer , y que no osa
casi pedir misericordia, si es buena humildad, esta pena viene con una
suavidad en sí y contento, que no querríamos vernos sin ella. No
alborota ni aprieta el alma, antes la dilata y hace hábil para servir
más a Dios. Estotra pena todo lo turba, todo lo alborota, toda el
alma revuelve, es muy penosa. Creo pretende el demonio que pensemos
tenemos humildad, y si pudiese, a vueltas, que desconfiásemos de
Dios.
3. Cuando así os hallarais, atajad el pensamiento de vuestra
miseria lo más que pudiereis, y ponedle en la misericordia de Dios y
en lo que nos ama y padeció por nosotros. Y si es tentación, aun
esto no podréis hacer, que no os dejará sosegar el pensamiento ni
ponerle en cosa, sino para fatigaros más. Harto será si conocéis
es tentación.
Así es en penitencias desconcertadas, para hacer entendernos que
somos más penitentes que las otras y que hacéis algo. Si os andáis
escondiendo del confesor o prelada, o si diciéndoos que lo dejéis no
lo hacéis, es clara tentación. Procurad -aunque más pena os dé-
obedecer, pues en esto está la mayor perfección.
4. Pone otra bien peligrosa, que es una seguridad de parecernos que
en ninguna manera tornaríamos a las culpas pasadas y contentos del
mundo; "que ya le tengo entendido y sé que se acaba todo y que más
gusto me dan las cosas de Dios". Esta, si es a los principios, es
muy malo, porque con esta seguridad no se les da nada de tornarse a
poner en las ocasiones, y hácenos dar de ojos, y plega a Dios que no
sea muy peor la recaída. Porque, como el demonio ve que es alma que
le puede dañar y aprovechar a otras, hace todo su poder para que no se
levante.
Así que, aunque más gustos y prendas de amor el Señor os dé,
nunca tanto andéis seguras que dejéis de temer podéis tornar a caer,
y guardaros de las ocasiones.
5. Procurad mucho tratar esas mercedes y regalos con quien os dé
luz, sin tener cosa secreta. Y tened este cuidado: que en principio
y fin de la oración, por subida contemplación que sea, siempre
acabéis en propio conocimiento. Y si es de Dios, aunque no queráis
ni tengáis este aviso, lo haréis aun más veces, porque trae consigo
humildad y siempre deja con más luz para que entendamos lo poco que
somos.
No me quiero detener más, porque muchos libros hallaréis de estos
avisos. Lo que he dicho es porque he pasado por ello y vístome en
trabajo algunas veces. Todo cuanto se puede decir no puede dar entera
seguridad.
6. Pues, Padre Eterno, ¿qué hemos de hacer sino acudir a Vos y
suplicaros no nos traigan estos contrarios nuestros en tentación?
Cosas públicas vengan, que con vuestro favor mejor nos libraremos.
Mas esas traiciones ¿quién las entenderá, Dios mío? Siempre
hemos menester pediros remedio. Decidnos, Señor, alguna cosa para
que nos entendamos y aseguremos. Ya sabéis que por este camino no van
los muchos, y si han de ir con tantos miedos, irán muy menos.
7. Cosa extraña es ésta, ¡como si para los que no van por camino
de oración no tentase el demonio!, y que se espanten más todos de
uno que engaña de los que van más llegados a perfección, que de cien
mil que ven en engaños y pecados públicos, que no hay que andar a
mirar si es bueno o malo, porque de mil leguas se entiende es
Satanás.
A la verdad, tienen razón, porque son tan poquísimos a los que
engaña el demonio de los que rezaren el Paternóster como queda
dicho, que como cosa nueva y no usada da admiración; que es cosa muy
de los mortales pasar fácilmente por lo continuo que ven, y espantarse
mucho de lo que es muy pocas veces o casi ninguna. Y los mismos
demonios los hacen espantar, porque les está a ellos bien, que
pierden muchos por uno que se llega a la perfección.
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