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1. Es cosa extraña qué apasionado amor es éste, qué de lágrimas
cuesta, qué de penitencias y oración, qué cuidado de encomendar a
todos los que piensa le han de aprovechar con Dios para que se le
encomienden, qué deseo ordinario, un no traer contento si no le ve
aprovechar. Pues si le parece está mejorado y le ve que torna algo
atrás, no parece ha de tener placer en su vida; ni come ni duerme
sino con este cuidado, siempre temerosa si alma que tanto quiere se ha
de perder, y si se han de apartar para siempre, que la muerte de acá
no la tienen en nada, que no quiere asirse a cosa que en un soplo se le
va de entre las manos sin poderla asir. Es -como he dicho- amor sin
poco ni mucho de interés propio. Todo lo que desea y quiere es ver
rica aquella alma de bienes del cielo.
Esta es voluntad, y no estos quereres de por acá desastrados, aun no
digo los malos, que de ésos Dios nos libre: en cosa que es infierno
no hay que nos cansar en decir mal, que no se puede encarecer el menor
mal de él. Este no hay para qué tomarle nosotras, hermanas, en la
boca, ni pensar le hay en el mundo, en burlas ni en veras oírle, ni
consentir que delante de vosotras se trate ni cuente de semejantes
voluntades. Para ninguna cosa es bueno, y podría dañar aun oírlo.
Sino de estotros lícitos, como he dicho, que nos tenemos unas a
otras, o de deudos y amigas. Toda la voluntad es que no se nos
muera: si les duele la cabeza, parece nos duele el alma; si los vemos
con trabajos, no queda -como dicen- paciencia; todo de esta manera.
3. Estotra voluntad no es así. Aunque con la flaqueza natural se
siente algo de presto, luego la razón mira si es bien para aquel
alma, si se enriquece más en virtud y cómo lo lleva, el rogar a
Dios la dé paciencia y merezca en los trabajos. Si ve que la tiene,
ninguna pena siente, antes se alegra y consuela; bien que lo pasaría
de mejor gana que vérselo pasar, si el mérito y ganancia que hay en
padecer pudiese todo dársele, mas no para que se inquiete ni
desasosiegue.
4. Torno otra vez a decir, que se parece y va imitando este amor al
que nos tuvo el buen amador Jesús; y así aprovechan tanto, porque
no querrían ellos sino abrazar todos los trabajos, y que los otros sin
trabajar se aprovechasen de ellos. Así ganan muy mucho los que tienen
su amistad; y crean que, o los dejarán de tratar -con particular
amistad, digo- o acabarán con nuestro Señor que vayan por su
camino, pues van a una tierra, como hizo Santa Mónica con San
Agustín. No les sufre el corazón tratar con ellos doblez, porque
si les ven torcer el camino, luego se lo dicen, o algunas faltas. No
pueden consigo acabar otra cosa. Y como de esto no se enmendarán ni
tratan de lisonja con ellos ni de disimularles nada, o ellos se
enmendarán o apartarán de la amistad; porque no podrán sufrirlo, ni
es de sufrir; para el uno y para el otro es continua guerra. Con
andar descuidados de todo el mundo y no trayendo cuenta si sirven a
Dios o no porque sólo consigo mismos la tienen, con sus amigos no hay
poder hacer esto, ni se les encubre cosa. Las motitas ven. Digo que
traen bien pesada cruz.
5. Esta manera de amar es la que yo querría tuviésemos nosotras.
Aunque a los principios no sea tan perfecta, el Señor la irá
perfeccionando. Comencemos en los medios, que aunque lleve algo de
ternura, no dañará, como sea en general. Es bueno y necesario
algunas veces mostrar ternura en la voluntad, y aun tenerla, y sentir
algunos trabajos y enfermedades de las hermanas, aunque sean
pequeños; que algunas veces acaece dar una cosa muy liviana tan gran
pena como a otra daría un gran trabajo, y a personas que tienen de
natural apretarle mucho pocas cosas. Si vos le tenéis al contrario,
no os dejéis de compadecer; y por ventura quiere nuestro Señor
reservarnos de esas penas y las tendremos en otras cosas, y de las que
para nosotras son graves -aunque de suyo lo sean- para la otra serán
leves. Así que en estas cosas no juzguemos por nosotras ni nos
consideremos en el tiempo que, por ventura sin trabajo nuestro, el
Señor nos ha hecho más fuertes, sino considerémonos en el tiempo
que hemos estado más flacas.
6. Mirad que importa este aviso para sabernos condoler de los
trabajos de los prójimos, por pequeños que sean, en especial a almas
de las que quedan dichas; que ya éstas, como desean los trabajos,
todo se les hace poco, y es muy necesario traer cuidado de mirarse
cuando era flaca y ver que si no lo es, no viene de ella; porque
podría por aquí el demonio ir enfriando la caridad con los prójimos y
hacernos entender es perfección lo que es falta. En todo es menester
cuidado y andar despiertas, pues él no duerme, y en los que van en
más perfección, más; porque son muy más disimuladas las
tentaciones, que no se atreve a otra cosa, que no parece se entiende
el daño hasta que está ya hecho, si -como digo- no se trae
cuidado. En fin, que es menester siempre velar y orar, que no hay
mejor remedio para descubrir estas cosas ocultas del demonio y hacerle
dar señal que la oración.
7. Procurar también holgaros con las hermanas cuando tienen
recreación con necesidad de ella y el rato que es de costumbre, aunque
no sea a vuestro gusto, que yendo con consideración todo es amor
perfecto. Así que es muy bien las unas se apiaden de las necesidades
de las otras. Miren no sea con falta de discreción en cosas que sea
contra la obediencia. Aunque le parezca áspero dentro en sí lo que
mandare la prelada, no lo muestre ni dé a entender a nadie, si no
fuere a la misma priora con humildad, que haréis mucho daño. Y
sabed entender cuáles son las cosas que se han de sentir y apiadar de
las hermanas, y siempre sientan mucho cualquiera falta, si es
notoria, que veáis en la hermana. Y aquí se muestra y ejercita bien
el amor en sabérsela sufrir y no se espantar de ella, que así harán
las otras las que vos tuviereis, que aun de las que no entendéis deben
ser muchas más; y encomendarla mucho a Dios, y procurar hacer vos
con gran perfección la virtud contraria de la falta que le parece en la
otra. Esforzarse a esto, para que enseñe a aquélla por obra lo que
por palabra por ventura no lo entenderá, ni le aprovechará, ni
castigo. Y esto de hacer una lo que ve resplandecer de virtud en
otra, pégase mucho. Este es buen aviso; no se os olvide.
8. ¡Oh, qué bueno y verdadero amor será el de la hermana que
puede aprovechar a todas, dejado su provecho por los de las otras, ir
muy adelante en todas las virtudes y guardar con gran perfección su
Regla! Mejor amistad será ésta que todas las ternuras que se pueden
decir, que éstas no se usan ni han de usar en esta casa, tal como
"mi vida", "mi alma", "mi bien", y otras cosas semejantes, que
a las unas llaman uno y a las otras otro. Estas palabras regaladas
déjenlas para con su Esposo, pues tanto han de estar con El y tan a
solas, que de todo se habrán menester aprovechar, pues Su Majestad
lo sufre, y muy usadas acá no enternecen tanto con el Señor; y sin
esto, no hay para qué; es muy de mujeres y no querría yo, hijas
mías, lo fueseis en nada, ni lo parecieseis, sino varones fuertes:
que si ellas hacen lo que es en sí, el Señor las hará tan varoniles
que espanten a los hombres. ¡Y qué fácil es a Su Majestad, pues
nos hizo de nonada!
9. Es también muy buena muestra de amor en procurar quitarlas de
trabajo y tomarle ella para sí en los oficios de casa, y también de
holgarse y alabar mucho al Señor del acrecentamiento que viere en sus
virtudes. Todas estas cosas, dejado el gran bien que traen consigo,
ayudan mucho a la paz y conformidad de unas con otras, como ahora lo
vemos por experiencia, por la bondad de Dios. Plega a Su Majestad
lo lleve siempre adelante, porque sería cosa terrible ser al
contrario, y muy recio de sufrir, pocas y mal avenidas; no lo permita
Dios.
10. Si por dicha alguna palabrilla de presto se atravesare,
remédiese luego y hagan gran oración. Y en cualquiera de estas cosas
que dure, o bandillos, o deseo de ser más, o puntito de honra
(que) parece se me hiela la sangre, cuando esto escribo, de pensar
que puede en algún tiempo venir a ser, porque veo es el principal mal
de los monasterios), cuando esto hubiese, dense por perdidas.
Piensen y crean han echado a su Esposo de casa y que le necesitan a ir
a buscar otra posada, pues le echan de su casa propia. Clamen a Su
Majestad. Procuren remedio. Porque, si no le pone confesar y
comulgar tan a menudo, teman si hay algún Judas.
11. Mire mucho la priora, por amor de Dios, en no dar lugar a
esto, atajando mucho los principios, que aquí está todo el daño o
remedio; y la que entendiere lo alborota, procure se vaya a otro
monasterio, que Dios las dará con qué la doten. Echen de sí esta
pestilencia. Corten como pudieren las ramas. Y si no bastare,
arranquen la raíz. Y cuando no pudiesen esto, no salga de una
cárcel quien de estas cosas tratare: mucho más vale, antes que pegue
a todas tan incurable pestilencia. ¡Oh, que es gran mal! Dios nos
libre de monasterio donde entra. Yo más querría entrase en éste un
fuego que nos abrasase a todas.
Porque en otra parte creo diré algo más de esto -como en cosa que
nos va tanto- no me alargo más aquí
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