|
1. Para comenzar a hablar de las cuartas moradas bien he menester lo
que he hecho, que es encomendarme al Espíritu Santo y suplicarle de
aquí adelante hable por mí, para decir algo de las que quedan de
manera que lo entendáis; porque comienzan a ser cosas sobrenaturales,
y es dificultosísimo de dar a entender, si Su Majestad no lo hace,
como en otra parte que se escribió hasta donde yo había entendido,
catorce años ha, poco más o menos. Aunque un poco más luz me
parece tengo de estas mercedes que el Señor hace a algunas almas, es
diferente el saberlas decir. Hágalo Su Majestad si se ha de seguir
algún provecho, y si no, no.
2. Como ya estas moradas se llegan más adonde está el Rey, es
grande su hermosura y hay cosas tan delicadas que ver y que entender,
que el entendimiento no es capaz para poder dar traza cómo se diga
siquiera algo que venga tan al justo que no quede bien oscuro para los
que no tienen experiencia; que quien la tiene muy bien lo entenderá,
en especial si es mucha.
Parecerá que para llegar a estas moradas se ha de haber vivido en las
otras mucho tiempo; y aunque lo ordinario es que se ha de haber estado
en la que acabamos de decir, no es regla cierta, como ya habréis
oído muchas veces; porque da el Señor cuando quiere y como quiere y
a quien quiere, como bienes suyos, que no hace agravio a nadie.
3. En estas moradas pocas veces entran las cosas ponzoñosas, y si
entran no hacen daño, antes dejan con ganancia. Y tengo por muy
mejor cuando entran y dan guerra en este estado de oración; porque
podría el demonio engañar, a vueltas de los gustos que da Dios, si
no hubiese tentaciones, y hacer mucho más daño que cuando las hay, y
no ganar tanto el alma, por lo menos apartando todas las cosas que la
han de hacer merecer, y dejarla en un embebecimiento ordinario. Que
cuando lo es en un ser, no le tengo por seguro ni me parece posible
estar en un ser el espíritu del Señor en este destierro.
4. Pues hablando de lo que dije que diría aquí, de la diferencia
que hay entre contentos en la oración o gustos, los contentos me
parece a mí se pueden llamar los que nosotros adquirimos con nuestra
meditación y peticiones a nuestro Señor, que procede de nuestro
natural, aunque en fin ayuda para ello Dios, que hase de entender en
cuanto dijere que no podemos nada sin El; mas nacen de la misma obra
virtuosa que hacemos y parece a nuestro trabajo lo hemos ganado, y con
razón nos da contento habernos empleado en cosas semejantes. Mas, si
lo consideramos, los mismos contentos tendremos en muchas cosas que nos
pueden suceder en la tierra: así en una gran hacienda que de presto se
provea a alguno; como de ver una persona que mucho amamos, de presto;
como de haber acertado en un negocio importante y cosa grande, de que
todos dicen bien; como si a alguna le han dicho que es muerto su marido
o hermano o hijo y le ve venir vivo. Yo he visto derramar lágrimas de
un gran contento, y aun me ha acaecido alguna vez. Paréceme a mí
que así como estos contentos son naturales, así en los que nos dan
las cosas de Dios, sino que son de linaje más noble, aunque estotros
no eran tampoco malos. En fin, comienzan de nuestro natural mismo y
acaban en Dios.
Los gustos comienzan de Dios y siéntelos el natural y goza tanto de
ellos como gozan los que tengo dichos y mucho más. ¡Oh Jesús, y
qué deseo tengo de saber declararme en esto!; porque entiendo, a mi
parecer, muy conocida diferencia y no alcanza mi saber a darme a
entender. Hágalo el Señor.
5. Ahora me acuerdo en un verso que decimos a Prima, al fin del
postrer salmo, que al cabo del verso dice: Cum dilatasti cor meum.
A quien tuviere mucha experiencia esto le basta para ver la diferencia
que hay de lo uno a lo otro; a quien no, es menester más. Los
contentos que están dichos no ensanchan el corazón, antes lo más
ordinariamente parece aprietan un poco, aunque con contento todo de ver
que se hace por Dios; mas vienen unas lágrimas congojosas, que en
alguna manera parece las mueve la pasión. Yo sé poco de estas
pasiones del alma que quizá me diera a entender, y lo que procede de
la sensualidad y de nuestro natural, porque soy muy torpe; que yo me
supiera declarar, si como he pasado por ello lo entendiera. Gran cosa
es el saber y las letras para todo.
6. Lo que tengo de experiencia de este estado, digo de estos regalos
y contentos en la meditación, es que si comenzaba a llorar por la
Pasión, no sabía acabar hasta que se me quebraba la cabeza; si por
mis pecados, lo mismo. Harta merced me hacía nuestro Señor, que
no quiero yo ahora examinar cuál es mejor lo uno o lo otro, sino la
diferencia que hay de lo uno a lo otro querría saber decir. Para
estas cosas algunas veces van estas lágrimas y estos deseos ayudados
del natural y como está la disposición; mas, en fin, como he
dicho, vienen a parar en Dios, aunque sea esto. Y es de tener en
mucho, si hay humildad para entender que no son mejores por eso;
porque no se puede entender si son todos efectos del amor, y cuando
sea, es dado de Dios.
Por la mayor parte, tienen estas devociones las almas de las moradas
pasadas, porque van casi continuo con obra de entendimiento, empleadas
en discurrir con el entendimiento y en meditación; y van bien, porque
no se les ha dado más, aunque acertarían en ocuparse un rato en hacer
actos y en alabanzas de Dios y holgarse de su bondad y que sea el que
es, y en desear su honra y gloria. Esto como pudiere, porque
despierta mucho la voluntad. Y estén con gran aviso cuando el Señor
les diere estotro no lo dejar por acabar la meditación que se tiene de
costumbre.
7. Porque me he alargado mucho en decir esto en otras partes, no lo
diré aquí. Sólo quiero que estéis advertidas que, para aprovechar
mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no está la
cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os
despertare a amar, eso haced. Quizá no sabemos qué es amar, y no
me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la
mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar, en
cuanto pudiéremos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante
la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia Católica.
Estas son las señales del amor, y no penséis que está la cosa en no
pensar otra cosa, y que si os divertís un poco va todo perdido.
8. Yo he andado en esto de esta barahúnda del pensamiento bien
apretada algunas veces, y habrá poco más de cuatro años que vine a
entender por experiencia que el pensamiento (o imaginación, porque
mejor se entienda) no es el entendimiento, y preguntélo a un letrado
y díjome que era así, que no fue para mí poco contento. Porque,
como el entendimiento es una de las potencias del alma, hacíaseme
recia cosa estar tan tortolito a veces, y lo ordinario vuela el
pensamiento de presto, que sólo Dios puede atarle, cuando nos ata a
Sí de manera que parece estamos en alguna manera desatados de este
cuerpo. Yo veía, a mi parecer, las potencias del alma empleadas en
Dios y estar recogidas con El, y por otra parte el pensamiento
alborotado: traíame tonta.
9. ¡Oh Señor, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino
por falta de saber! Y es el mal que, como no pensamos que hay que
saber más de pensar en Vos, aun no sabemos preguntar a los que saben
ni entendemos qué hay que preguntar, y pásanse terribles trabajos,
porque no nos entendemos, y lo que no es malo, sino bueno, pensamos
que es mucha culpa. De aquí proceden las aflicciones de mucha gente
que trata de oración y el quejarse de trabajos interiores, a lo menos
mucha parte en gente que no tiene letras, y vienen las melancolías y a
perder la salud y aun a dejarlo del todo, porque no consideran que hay
un mundo interior acá dentro; y así como no podemos tener el
movimiento del cielo, sino que anda a prisa con toda velocidad,
tampoco podemos tener nuestro pensamiento, y luego metemos todas las
potencias del alma con él y nos parece que estamos perdidas y gastado
mal el tiempo que estamos delante de Dios; y estáse el alma por
ventura toda junta con El en las moradas muy cercanas, y el
pensamiento en el arrabal del castillo padeciendo con mil bestias fieras
y ponzoñosas y mereciendo con este padecer; y así, ni nos ha de
turbar ni lo hemos de dejar, que es lo que pretende el demonio. Y por
la mayor parte, todas las inquietudes y trabajos vienen de este no nos
entender.
10. Escribiendo esto, estoy considerando lo que pasa en mi cabeza
del gran ruido de ella que dije al principio, por donde se me hizo casi
imposible poder hacer lo que me mandaban de escribir. No parece sino
que están en ella muchos ríos caudalosos, y por otra parte, que
estas aguas se despeñan; muchos pajarillos y silbos, y no en los
oídos, sino en lo superior de la cabeza, adonde dicen que está lo
superior del alma. Y yo estuve en esto harto tiempo, por parecer que
el movimiento grande del espíritu hacia arriba subía con velocidad.
Plega a Dios que se me acuerde en las moradas de adelante decir la
causa de esto, que aquí no viene bien, y no será mucho que haya
querido el Señor darme este mal de cabeza para entenderlo mejor;
porque con toda esta barahúnda de ella, no me estorba a la oración ni
a lo que estoy diciendo, sino que el alma se está muy entera en su
quietud y amor y deseos y claro conocimiento.
11. Pues si en lo superior de la cabeza está lo superior del alma,
¿cómo no la turba? Eso no lo sé yo; mas sé que es verdad lo que
digo. Pena da cuando no es la oración con suspensión, que entonces
hasta que se pasa no se siente ningún mal; mas harto mal fuera si por
este impedimento lo dejara yo todo. Y así no es bien que por los
pensamientos nos turbemos ni se nos dé nada; que si los pone el
demonio, cesará con esto; y si es, como lo es, de la miseria que
nos quedó del pecado de Adán con otras muchas, tengamos paciencia y
sufrámoslo por amor de Dios, pues estamos también sujetas a comer y
dormir, sin poderlo excusar, que es harto trabajo.
12. Conozcamos nuestra miseria, y deseemos ir adonde "nadie nos
menosprecia"; que algunas veces me acuerdo haber oído esto que dice
la Esposa en los Cantares, y verdaderamente que no hallo en toda la
vida cosa adonde con más razón se pueda decir; porque todos los
menosprecios y trabajos que puede haber en la vida no me parece que
llegan a estas batallas interiores. Cualquier desasosiego y guerra se
puede sufrir con hallar paz adonde vivimos como ya he dicho; mas que
queremos venir a descansar de mil trabajos que hay en el mundo y que
quiera el Señor aparejarnos el descanso, y que en nosotras mismas
esté el estorbo, no puede dejar de ser muy penoso y casi insufridero.
Por eso, llevadnos, Señor, adonde no nos menosprecien estas
miserias, que parecen algunas veces que están haciendo burla del
alma.
Aun en esta vida la libra el Señor de esto, cuando ha llegado a la
postrera morada, como diremos, si Dios fuere servido.
13. Y no darán a todos tanta pena estas miserias ni las
acometerán, como a mí hicieron muchos años por ser ruin, que parece
que yo misma me quería vengar de mí. Y como cosa tan penosa para
mí, pienso que quizá será para vosotras así y no hago sino decirlo
en un cabo y en otro, para si acertase alguna vez a daros a entender
cómo es cosa forzosa, y no os traiga inquietas y afligidas, sino que
dejemos andar esta tarabilla de molino y molamos nuestra harina, no
dejando de obrar la voluntad y entendimiento.
14. Hay más y menos en este estorbo, conforme a la salud y a los
tiempos. Padezca la pobre alma, aunque no tenga en esto culpa, que
otras haremos por donde es razón que tengamos paciencia. Y porque no
basta lo que leemos y nos aconsejan, que es que no hagamos caso de
estos pensamientos, para las que poco sabemos no me parece tiempo
perdido todo lo que gasto en declararlo más y consolaros en este caso;
mas hasta que el Señor nos quiera dar luz, poco aprovecha. Mas es
menester y quiere Su Majestad que tomemos medios y nos entendamos, y
lo que hace la flaca imaginación y el natural y demonio no pongamos la
culpa al alma.
|
|