|
1. ¡Válgame Dios en lo que me he metido! Ya tenía olvidado lo
que trataba, porque los negocios y salud me hace dejarlo al mejor
tiempo; y como tengo poca memoria, irá todo desconcertado por no
poder tornarlo a leer. Y aun quizás se es todo desconcierto cuanto
digo; al menos es lo que siento.
Paréceme queda dicho de los consuelos espirituales. Cómo algunas
como veces van envueltos con nuestras pasiones, traen consigo unos
alborotos de sollozos, y aun a personas he oído que se les aprieta el
pecho y aun vienen a movimientos exteriores, que no se pueden ir a la
mano, y es la fuerza de manera que les hace salir sangre de narices y
cosas así penosas. De esto no sé decir nada, porque no he pasado
por ello, mas debe quedar consuelo; porque como digo todo va a parar
en desear contentar a Dios y gozar de Su Majestad.
2. Los que yo llamo "gustos de Dios" que en otra parte lo he
nombrado "oración de quietud" es muy de otra manera, como
entenderéis las que lo habéis probado por la misericordia de Dios.
Hagamos cuenta, para entenderlo mejor, que vemos dos fuentes con dos
pilas que se hinchen de agua, que no me hallo cosa más a propósito
para declarar algunas de espíritu que esto de agua; y es, como sé
poco y el ingenio no ayuda y soy tan amiga de este elemento, que le he
mirado con más advertencia que otras cosas; que en todas las que crió
tan gran Dios, tan sabio, debe haber hartos secretos de que nos
podemos aprovechar, y así lo hacen los que lo entienden, aunque creo
que en cada cosita que Dios crió hay más de lo que se entiende,
aunque sea una hormiguita.
3. Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras: el
uno viene de más lejos por muchos arcaduces y artificio; el otro está
hecho en el mismo nacimiento del agua y vase hinchendo sin ningún
ruido, y si es el manantial caudaloso, como éste de que hablamos,
después de henchido este pilón procede un gran arroyo; ni es menester
artificio, ni se acaba el edificio de los arcaduces, sino siempre
está procediendo agua de allí.
Es la diferencia que la que viene por arcaduces es, a mi parecer, los
"contentos" que tengo dicho que se sacan con la meditación; porque
los traemos con los pensamientos, ayudándonos de las criaturas en la
meditación y cansando el entendimiento; y como viene en fin con
nuestras diligencias, hace ruido cuando ha de haber algún henchimiento
de provechos que hace en el alma, como queda dicho.
4. Estotra fuente, viene el agua de su mismo nacimiento, que es
Dios, y así como Su Majestad quiere, cuando es servido hacer
alguna merced sobrenatural, produce con grandísima paz y quietud y
suavidad de lo muy interior de nosotros mismos, yo no sé hacia dónde
ni cómo, ni aquel contento y deleite se siente como los de acá en el
corazón digo en su principio, que después todo lo hinche, vase
revertiendo este agua por todas las moradas y potencias hasta llegar al
cuerpo; que por eso dije que comienza de Dios y acaba en nosotros;
que cierto, como verá quien lo hubiere probado, todo el hombre
exterior goza de este gusto y suavidad.
5. Estaba yo ahora mirando escribiendo esto que en el verso que
dije: Dilatasti cor meum, dice que ensanchó el corazón; y no me
parece que es cosa como digo que su nacimiento es del corazón, sino de
otra parte aun más interior, como una cosa profunda. Pienso que debe
ser el centro del alma, como después he entendido y diré a la
postre; que, cierto, veo secretos en nosotros mismos que me traen
espantada muchas veces. Y ¡cuántos más debe haber! ¡Oh Señor
mío y Dios mío, qué grandes son vuestras grandezas!, y andamos
acá como unos pastorcillos bobos, que nos parece alcanzamos algo de
Vos y debe ser tanto como nonada, pues en nosotros mismos están
grandes secretos que no entendemos. Digo tanto como nonada, para lo
muy muy mucho que hay en Vos, que no porque no son muy grandes las
grandezas que vemos, aun de lo que podemos alcanzar de vuestras obras.
6. Tornando al verso, en lo que me puede aprovechar, a mi parecer,
para aquí, es en aquel ensanchamiento; que así parece que, como
comienza a producir aquella agua celestial de este manantial que digo de
lo profundo de nosotros, parece que se va dilatando y ensanchando todo
nuestro interior y produciendo unos bienes que no se pueden decir, ni
aun el alma sabe entender qué es lo que se le da allí. Entiende una
fragancia digamos ahora como si en aquel hondón interior estuviese un
brasero adonde se echasen olorosos perfumes; ni se ve la lumbre, ni
dónde está; mas el calor y humo oloroso penetra toda el alma y aun
hartas veces como he dicho participa el cuerpo. Mirad, entendedme,
que ni se siente calor ni se huele olor, que más delicada cosa es que
estas cosas; sino para dároslo a entender. Y entiendan las personas
que no han pasado por esto, que es verdad que pasa así y que se
entiende, y lo entiende el alma más claro que yo lo digo ahora; que
no es esto cosa que se puede antojar, porque por diligencias que
hagamos no lo podemos adquirir, y en ello mismo se ve no ser de nuestro
metal, sino de aquel purísimo oro de la sabiduría divina.
Aquí no están las potencias unidas, a mi parecer, sino embebidas y
mirando como espantadas qué es aquello.
7. Podrá ser que en estas cosas interiores me contradiga algo de lo
que tengo dicho en otras partes. No es maravilla, porque en casi
quince años que ha que lo escribí, quizá me ha dado el Señor más
claridad en estas cosas de lo que entonces entendía, y ahora y
entonces puedo errar en todo, mas no mentir, que, por la misericordia
de Dios, antes pasaría mil muertes. Digo lo que entiendo.
8. La voluntad bien me parece que debe estar unida en alguna manera
con la de Dios; mas en los efectos y obras de después se conocen
estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse.
Harto gran merced es de nuestro Señor, si la conoce quien la
recibe, y muy grande si no torna atrás.
Luego querréis, mis hijas, procurar tener esta oración, y tenéis
razón; que como he dicho no acaba de entender el alma las que allí la
hace el Señor y con el amor que la va acercando más a Sí, que
cierto está desear saber cómo alcanzaremos esta merced. Yo os diré
lo que en esto he entendido.
9. Dejemos cuando el Señor es servido de hacerla porque Su
Majestad quiere y no por más. El sabe el porqué; no nos hemos de
meter en eso. Después de hacer lo que los de las moradas pasadas,
¡humildad, humildad! Por ésta se deja vencer el Señor a cuanto de
él queremos; y lo primero en que veréis si la tenéis, es en no
pensar que merecéis estas mercedes y gustos del Señor ni los habéis
de tener en vuestra vida.
Diréisme que de esta manera que ¿cómo se han de alcanzar no los
procurando? A esto respondo que no hay otra mejor de la que os he
dicho y no los procurar, por estas razones: la primera, porque lo
primero que para esto es menester es amar a Dios sin interés; la
segunda, porque es un poco de poca humildad pensar que por nuestros
servicios miserables se ha de alcanzar cosa tan grande; la tercera,
porque el verdadero aparejo para esto es deseo de padecer y de imitar al
Señor y no gustos, los que, en fin, le hemos ofendido; la cuarta,
porque no está obligado Su Majestad a dárnoslos, como a darnos la
gloria si guardamos sus mandamientos, que sin esto nos podremos salvar
y sabe mejor que nosotros lo que nos conviene y quién le ama de
verdad; y así es cosa cierta, yo lo sé, y conozco personas que van
por el camino del amor como han de ir, por sólo servir a su Cristo
crucificado, que no sólo no le piden gustos ni los desean, mas le
suplican no se los dé en esta vida. Esto es verdad. La quinta es,
porque trabajaremos en balde, que como no se ha de traer esta agua por
arcaduces como la pasada, si el manantial no la quiere producir, poco
aprovecha que nos cansemos. Quiero decir que aunque más meditación
tengamos y aunque más nos estrujemos y tengamos lágrimas, no viene
este agua por aquí. Sólo se da a quien Dios quiere y cuando más
descuidada está muchas veces el alma.
10. Suyas somos, hermanas; haga lo que quisiere de nosotras;
llévenos por donde fuere servido. Bien creo que quien de verdad se
humillare y desasiere (digo de verdad, porque no ha de ser por
nuestros pensamientos, que muchas veces nos engañan, sino que estemos
desasidas del todo), que no dejará el Señor de hacernos esta merced
y otras muchas que no sabremos desear. Sea por siempre alabado y
bendito, amén.
|
|