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1. ¡Oh hermanas!, ¿cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros
y deleites que hay en las quintas moradas? Creo fuera mejor no decir
nada de las que faltan, pues no se ha de saber decir ni el
entendimiento lo sabe entender ni las comparaciones pueden servir de
declararlo, porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin.
Enviad, Señor mío, del cielo luz para que yo pueda dar alguna a
estas vuestras siervas, pues sois servido de que gocen algunas de ellas
tan ordinariamente de estos gozos, porque no sean engañadas,
transfigurándose el demonio en ángel de luz, pues todos sus deseos se
emplean en desear contentaros.
2. Y aunque dije "algunas", bien pocas hay que no entren en esta
morada que ahora diré. Hay más y menos, y a esta causa digo que son
las más las que entran en ellas. En algunas cosas de las que aquí
diré que hay en este aposento, bien creo que son pocas; mas aunque no
sea sino llegar a la puerta, es harta misericordia la que las hace
Dios; porque, puesto que son muchos los llamados, pocos son los
escogidos. Así digo ahora que aunque todas las que traemos este
hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y
contemplación (porque éste fue nuestro principio, de esta casta
venimos, de aquellos santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que
en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este
tesoro, esta preciosa margarita de que hablamos), pocas nos
disponemos para que nos la descubra el Señor. Porque cuanto a lo
exetiror vamos bien para llegar a lo que es menester; en las virtudes
para llegar aquí, hemos menester mucho, mucho, y no nos descuidar
poco ni mucho. Por eso, hermanas mías, alto a pedir al Señor,
que pues en alguna manera podemos gozar del cielo en la tierra, que nos
dé su favor para que no quede por nuestra culpa y nos muestre el camino
y dé fuerzas en el alma para cavar hasta hallar este tesoro escondido,
pues es verdad que le hay en nosotras mismas, que esto querría yo dar
a entender, si el Señor es servido que sepa.
3. Dije "fuerzas en el alma", porque entendáis que no hacen falta
las del cuerpo a quien Dios nuestro Señor no las da; no imposibilita
a ninguno para comprar sus riquezas; con que dé cada uno lo que
tuviere, se contenta. Bendito sea tan gran Dios. Mas mirad,
hijas, que para esto que tratamos no quiere que os quedéis con nada;
poco o mucho, todo lo quiere para sí, y conforme a lo que
entendiéreis de vos que os han dado, se os harán mayores o menores
mercedes. No hay mejor prueba para entender si llega a unión o si no
nuestra oración. No penséis que es cosa soñada, como la pasada.
Digo soñada, porque así parece está el alma como adormezida, que
ni bien parece está dormida ni se siente despierta. Aquí con estar
todas dormidas, y bien dormidas, a las cosas del mundo y a nosotras
mismas (porque en hecho de verdad se queda como sin sentido aquello
poco que dura, que ni hay poder pensar, aunque quieran, aquí no es
menester con artificio suspender el pensamiento; hasta el amar si lo
hace no entiende cómo, ni qué es lo que ama ni qué querría; en
fin, como quien de todo punto ha muerto al mundo para vivir más en
Dios, que así es: una muerte sabrosa, un arrancamiento del alma de
todas las operaciones que puede tener estando en el cuerpo; deleitosa,
porque aunque de verdad parece se aparta el alma de él para mejor estar
en Dios, de manera que aun no sé yo si le queda vida para resolgar
(ahora lo estaba pensando y paréceme que no, al menos si lo hace no
se entiende si lo hace), todo su entendimiento se querría emplear en
entender algo de lo que siente y, como no llegan sus fuerzas a esto,
quédase espantado de manera que, si no se pierde del todo, no menea
pie ni mano, como acá decimos de una persona que está tan desmayada
que nos parece está muerta.
¡Oh secretos de Dios!, que no me hartaría de procurar dar a
entenderlos si pensase acertar en algo, y así diré mil desatinos,
por si alguna vez atinase, para que alabemos mucho al Señor.
5. Dije que no era cosa soñada, porque en la morada que queda
dicha, hasta que la experiencia es mucha queda el alma dudosa de qué
fue aquello: si se le antojó, si estaba dormida, si fue dado de
Dios, si se transfiguró el demonio en ángel de luz. Queda con mil
sospechas, y es bien que las tenga, porque como dije aun el mismo
natural nos puede engañar allí alguna vez; porque aunque no hay tanto
lugar para entrar las cosas ponzoñosas, unas lagartijillas sí, que
como son agudas por doquiera se meten; y aunque no hacen daño, en
especial si no hacen caso de ellas como dije porque son pensamientillos
que proceden de la imaginación y de lo que queda dicho, importunan
muchas veces. Aquí, por ayudas que son las lagartijas, no pueden
entrar en esta morada; porque ni hay imaginación, ni memoria ni
entendimiento que pueda impedir este bien. Y osaré afirmar que si
verdaderamente es unión de Dios, que no puede entrar el demonio ni
hacer ningún daño; porque está Su Majestad tan junto y unido con
la esencia del alma, que no osará llegar ni aun debe de entender este
secreto. Y está claro: pues dicen que no entiende nuestro
pensamiento, menos entenderá cosa tan secreta, que aun no la fía
Dios de nuestro pensamiento. ¡Oh gran bien, estado adonde este
maldito no nos hace mal! Así queda el alma con tan grandes
ganancias, por obrar Dios en ella sin que nadie le estorbe, ni
nosotros mismos. ¿Qué no dará quien es tan amigo de dar y puede dar
todo lo que quiere?
6. Parece que os dejo confusas en decir si es unión de Dios y que
hay otras uniones. Y ¡cómo si las hay! Aunque sean en cosas
vanas, cuando se aman mucho, también los transportará el demonio;
mas no con la manera que Dios ni con el deleite y satisfacción del
alma y paz y gozo. Es sobre todos los gozos de la tierra y sobre todos
los deleites y sobre todos los contentos y más, que no tiene que ver
adonde se engendran estos contentos o los de la tierra, que es muy
diferente su sentir como lo tendréis experimentado. Dije yo una vez,
que es como si fuesen en esta grosería del cuerpo, o en los
tuétanos, y atiné bien, que no sé cómo lodecir mejor.
7. Paréceme que aún no os veo satisfechas, porque os parecerá que
os podéis engañar, que esto interior es cosa recia de examinar; y
aunque para quien ha pasado por ello basta lo dicho, porque es grande
la diferencia, quiéroos decir una señal clara por donde no os
podréis engañar ni dudar si fue de Dios, que Su Majestad me la ha
traído hoy a la memoria, y a mi parecer es la cierta. Siempre en
cosas dificultosas, aunque me parece que lo entiendo y que digo
verdad, voy con este lenguaje de que "me parece"; porque si me
engañare, estoy muy aparejada a creer lo que dijeren los que tienen
letras muchas; porque aunque no hayan pasado por estas cosas, tienen
un no sé qué grandes letrados, que como Dios los tiene para luz de
su Iglesia, cuando es una verdad, dásela para que se admita; y si
no son derramados sino siervos de Dios, nunca se espantan de sus
grandezas, que tienen bien entendido que puede mucho más y más. Y,
en fin, aunque algunas cosas no tan declaradas, otras deben hallar
escritas, por donde ven que pueden pasar éstas.
8. De esto tengo grandísima experiencia, y también la tengo de
unos medioletrados espantadizos, porque me cuestan muy caro. Al menos
creo que quien no creyere que puede Dios mucho más y que ha tenido por
bien y tiene algunas veces comunicarlo a sus criaturas, que tiene bien
cerrada la puerta para recibirlas. Por eso, hermanas, nunca os
acaezca, sino creed de Dios mucho más y más, y no pongáis los ojos
en si son ruines o buenos a quien las hace, que Su Majestad lo sabe,
como os lo he dicho; no hay para qué nos meter en esto, sino con
simpleza de corazón y humildad servir a Su Majestad y alabarle por
sus obras y maravillas.
9. Pues tornando a la señal que digo es la verdadera, ya veis esta
alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la
verdadera sabiduría, que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que
está así, que siempre es breve, y aun harto más breve le parece a
ella de lo que debe de ser. Fija Dios a sí mismo en lo interior de
aquel alma de manera que cuando torna en si en ninguna manera pueda
dudar que estuvo en Dios y Dios en ella. Con tanta firmeza le queda
esta verdad, que aunque pase años sin tornarle Dios a hacer aquella
merced, ni se le olvida ni puede dudar que estuvo. Aun dejemos por
los efectos con que queda, que éstos diré después; esto es lo que
hace mucho al caso.
10. Pues diréisme: ¿cómo lo vio o cómo lo entendió, si no ve
ni entiende? No digo que lo vio entonces, sino que lo ve después
claro; y no porque es visión, sino una certidumbre que queda en el
alma que sólo Dios la puede poner. Yo sé de una persona que no
había llegado a su noticia que estaba Dios en todas las cosas por
presencia y potencia y esencia, y de una merced que le hizo Dios de
esta suerte lo vino a creer de manera, que aunque un medioletrado de
los que tengo dichos a quien preguntó cómo estaba Dios en nosotros
(él lo sabía tan poco como ella antes que Dios se lo diese a
entender) le dijo que no estaba más de por gracia, ella tenía ya tan
fija la verdad, que no le creyó y preguntólo a otros que le dijeron
la verdad, con que se consoló mucho.
11. No os habéis de engañar pareciéndoos que esta certidumbre
queda en forma corporal, como el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo
está en el Santísimo Sacramento, aunque no le vemos, porque acá
no queda así, sino de sola la divinidad. Pues ¿cómo lo que no
vimos se nos queda con esa certidumbre? Eso no lo sé yo, son obras
suyas: mas sé que digo la verdad, y quien no quedare con esta
certidumbre, no diría yo que es unión de toda el alma con Dios,
sino de alguna potencia, y otras muchas maneras de mercedes que hace
Dios al alma. Hemos de dejar en todas estas cosas de buscar razones
para ver cómo fue; pues no llega nuestro entendimiento a entenderlo,
¿para qué nos queremos desvanecer? Basta ver que es todopoderoso el
que lo hace, y pues no somos ninguna parte por diligencias que hagamos
para alcanzarlo, sino que es Dios el que lo hace, no lo queramos ser
para entenderlo.
12. Ahora me acuerdo, sobre esto que digo de que "no somos
parte", de lo que habéis oído que dice la Esposa en los Cantares:
Llevóme el rey a la bodega del vino, o metiome, creo que dice. Y
no dice que ella se fue. Y dice también que andaba buscando a su
Amado por una parte y por otra. Esta entiendo yo es la bodega adonde
nos quiere meter el Señor cuando quiere y como quiere; mas por
diligencias que nosotros hagamos, no podemos entrar. Su Majestad nos
ha de meter y entrar El en el centro de nuestra alma y, para mostrar
sus maravillas mejor, no quiere que tengamos en ésta más parte de la
voluntad que del todo se le ha rendido, ni que se le abra la puerta de
las potencias y sentidos, que todos están dormidos; sino entrar en el
centro del alma sin ninguna, como entró a sus discípulos cuando
dijo: Pax vobis, y salió del sepulcro sin levantar la piedra.
Adelante veréis cómo Su Majestad quiere que le goce el alma en su
mismo centro, aun más que aquí mucho en la postrera morada.
13. ¡Oh hijas, qué mucho veremos si no queremos ver más de
nuestra bajeza y miseria, y entender que no somos dignas de ser siervas
de un Señor tan grande, que no podemos alcanzar sus maravillas! Sea
por siempre alabado, amén.
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