|
1. Paréceme que estáis con deseo de ver qué se hace esta palomica
y adónde asienta, pues queda entendido que no es en gustos
espirituales ni en contentos de la tierra: más alto es su vuelo. Y
no os puedo satisfacer de este deseo hasta la postrera morada, y aun
plega a Dios se me acuerde o tenga lugar de escribirlo; porque han
pasado casi cinco meses desde que lo comencé hasta ahora; y como la
cabeza no está para tornarlo a leer, todo debe ir desbaratado y por
ventura dicho algunas cosas dos veces. Como es para mis hermanas,
poco va en ello.
2. Todavía quiero más declararos lo que me parece que es esta
oración de unión. Conforme a mi ingenio pondré una comparación;
después diremos más de esta mariposica, que no para (aunque siempre
fructifica haciendo bien a sí y a otras almas), porque no halla su
verdadero reposo.
3. Ya tendréis oído muchas veces que se desposa Dios con las almas
espiritualmente. ¡Bendita sea su misericordia que tanto se quiere
humillar! Y aunque sea grosera comparación, yo no hallo otra que
más pueda dar a entender lo que pretendo que el sacramento del
matrimonio. Porque aunque de diferente manera, porque en esto que
tratamos jamás hay cosa que no sea espiritual (esto corpóreo va muy
lejos, y los contentos espirituales que da el Señor, y los gustos,
al que deben tener los que se desposan, van mil leguas lo uno de lo
otro), porque todo es amor con amor, y sus operaciones son
limpísimas y tan delicadísimas y suaves, que no hay cómo se decir,
mas sabe el Señor darlas muy bien a sentir.
4. Paréceme a mí que la unión aún no llega a desposorio
espiritual; sino, como por acá cuando se han de desposar dos, se
trata si son conformes y que el uno y el otro quieran, y aun que se
vean, para que más se satisfaga el uno del otro, así acá,
presupuesto que el concierto está ya hecho y que esta alma está muy
bien informada cuán bien le está y determinada a hacer en todo la
voluntad de su Esposo de todas cuantas maneras ella viere que le ha de
dar contento, y Su Majestad, como quien bien entenderá si es así,
lo está de ella, y así hace esta misericordia, que quiere que
entienda más y que como dicen vengan a vistas y juntarla consigo.
Podemos decir que es así esto, porque pasa en brevísimo tiempo.
Allí no hay más dar y tomar, sino un ver el alma, por una manera
secreta, quién es este Esposo que ha de tomar; porque por los
sentidos y potencias en ninguna manera podía entender en mil años lo
que aquí entiende en brevísimo tiempo; mas como es tal el Esposo,
de sola aquella vista la deja más digna de que se vengan a dar las
manos, como dicen; porque queda el alma tan enamorada, que hace de su
parte lo que puede para que no se desconcierte este divino desposorio.
Mas si esta alma se descuida a poner su afición en cosa que no sea
El, piérdelo todo, y es tan grandísima pérdida como lo son las
mercedes que va haciendo, y mucho mayor que se puede encarecer.
5. Por eso, almas cristianas, a las que el Señor ha llegado a
estos términos, por El os pido que no os descuidéis, sino que os
apartéis de las ocasiones, que aún en este estado no está el alma
tan fuerte que se pueda meter en ellas, como lo está después de hecho
el desposorio, que es en la morada que diremos tras ésta; porque la
comunicación no fue más de una vista como dicen y el demonio andará
con gran cuidado a combatirla y a desviar este desposorio; que
después, como ya la ve del todo rendida al Esposo, no osa tanto,
porque la ha miedo, y tiene experiencia que, si alguna vez lo hace,
queda con gran pérdida y ella con más ganancia.
6. Yo os digo, hijas, que he conocido a personas muy encumbradas,
y llegar a este estado y con la gran sutileza y ardid del demonio,
tornarlas a ganar para sí; porque debe de juntarse todo el infierno
para ello, porque, como muchas veces digo, no pierden un alma sola,
sino gran multitud. Ya él tiene experiencia en este caso; porque,
si miramos la multitud de almas que por medio de una trae Dios a sí,
es para alabarle mucho los millares que convertían los mártires:
¡una doncella como Santa Ursula! Pues ¡las que habrá perdido el
demonio por Santo Domingo y San Francisco y otros fundadores de
Ordenes, y pierde ahora por el Padre Ignacio, el que fundó la
Compañía!, que todos está claro como lo leemos recibían mercedes
semejantes de Dios. ¿Qué fue esto, sino que se esforzaron a no
perder por su culpa tan divino desposorio? ¡Oh hijas mías!, que
tan aparejado está este Señor a hacernos merced ahora como entonces,
y aun en parte más necesitado de que las queramos recibir, porque hay
pocos que miren por su honra, como entonces había. Querémonos
mucho; hay muy mucha cordura para no perder de nuestro derecho.
¡Oh, qué engaño tan grande! El Señor nos dé luz para no caer
en semejantes tinieblas, por su misericordia.
7. Podréisme preguntar o estar con duda de dos cosas: la primera,
que si está el alma tan puesta con la voluntad de Dios como queda
dicho, que ¿cómo se puede engañar, pues ella en todo no quiere
hacer la suya? La segunda, ¿por qué vías puede entrar el demonio
tan peligrosamente que se pierda vuestra alma, estando tan apartadas
del mundo y tan llegadas a los sacramentos y en compañía podemos decir
de ángeles, pues por la bondad del Señor todas no traen otros deseos
sino de servirle y agradarle en todo?; que ya los que están metidos
en las ocasiones del mundo, no es mucho. Yo digo que en esto tenéis
razón, que harta misericordia nos ha hecho Dios; mas cuando veo como
he dicho que estaba Judas en compañía de los Apóstoles, y tratando
siempre con el mismo Dios, y oyendo sus palabras, entiendo que no hay
seguridad en esto.
8. Respondiendo a lo primero, digo que si esta alma se estuviese
siempre asida a la voluntad de Dios, que está claro que no se
perdería; mas viene el demonio con unas sutilezas grandes, y debajo
de color de bien vala desquiciando en poquitas cosas de ella y metiendo
en algunas que él le hace entender que no son malas, y poco a poco
oscureciendo el entendimiento y entibiando la voluntad y haciendo crecer
en ella el amor propio, hasta que de uno en otro la va apartando de la
voluntad de Dios y llegando a la suya.
De aquí queda respondido a lo segundo; porque no hay encerramiento
tan encerrado adonde él no pueda entrar, ni desierto tan partado
adonde deje de ir. Y aun otra cosa os digo, que quizá lo permite el
Señor para ver cómo se ha aquel alma a quien quiere poner por luz de
otras; que más vale que en los principios, si ha de ser ruin, lo sea
que no cuando dañe a muchas.
9. La diligencia que a mí se me ofrece más cierta (después de
pedir siempre a Dios en la oración que nos tenga de su mano, y pensar
muy continuo cómo, si El nos deja, seremos luego en el profundo,
como es verdad, y jamás estar confiadas en nosotras, pues será
desatino estarlo), es andar con particular cuidado y aviso, mirando
cómo vamos en las virtudes: si vamos mejorando o disminuyendo en
algo, en especial en el amor unas con otras y en el deseo de ser tenida
por la menor y en cosas ordinarias; que si miramos en ello y pedimos al
Señor que nos dé luz, luego veremos la ganancia o la pérdida. Que
no penséis que alma que llega Dios a tanto la deja tan a prisa de su
mano, que no tenga bien el demonio que trabajar, y siente Su
Majestad tanto en que se le pierda, que le da mil avisos interiores de
muchas maneras; así que no se le podrá esconder el daño.
10. En fin, sea la conclusión en esto, que procuremos siempre ir
adelante, y si esto no hay, andemos con gran temor, porque sin duda
algún salto nos quiere hacer el demonio; pues no es posible que,
habiendo llegado a tanto, deje ir creciendo, que el amor jamás está
ocioso, y así será harto mala señal. Porque alma que ha pretendido
ser esposa del mismo Dios y tratádose ya con Su Majestad y llegado a
los términos que queda dicho, no se ha de echar a dormir.
Y para que veáis, hija, lo que hace con las que ya tiene por
esposas, comencemos a tratar de las sextas moradas, y veréis cómo es
poco todo lo que pudiéremos servir y padecer y hacer para disponernos a
tan grandes mercedes. Que podrá ser haber ordenado nuestro Señor
que me lo mandasen escribir para que, puestos los ojos en el premio y
viendo cuán sin tasa es su misericordia, pues con unos gusanos quiere
así comunicarse y mostrarse, olvidemos nuestros contentillos de tierra
y, puestos los ojos en su grandeza, corramos encendidas en su amor.
11. Plega a El que acierte yo a declarar algo de cosas tan
dificultosas; que si Su Majestad y el Espíritu Santo no menea la
pluma, bien sé que será imposible. Y si no ha de ser para vuestro
provecho, le suplico no acierte a decir nada; pues sabe Su Majestad
que no es otro mi deseo, a cuanto puedo entender de mí, sino que sea
alabado su nombre, y que nos esforcemos a servir a un Señor que así
paga aún acá en la tierra; por donde podemos entender algo de lo que
nos ha de dar en el cielo, sin los intervalos y trabajos y peligros que
hay en este mar de tempestades. Porque, a no le haber de perderle y
ofenderle, descanso sería que no se acabase la vida hasta el fin del
mundo, por trabajar por tan gran Dios y Señor y Esposo.
Plega a Su Majestad merezcamos hacerle algún servicio, sin tantas
faltas como siempre tenemos, aun en las obras buenas, amén.
|
|