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1. Pareceros ha hermanas, que a estas almas que el Señor se
comunica tan particularmente en especial podrán pensar esto que diré
las que no hubieren llegado a estas mercedes, porque si lo han gozado,
y es de Dios, verán lo que yo diré), que estarán ya tan seguras
de que han de gozarle para siempre, que no tendrán que temer ni que
llorar sus pecados; y será muy gran engaño, porque el dolor de los
pecados crece más, mientras más se recibe de nuestro Dios. Y tengo
yo para mí que hasta que estemos adonde ninguna cosa puede dar pena,
que ésta no se quitará.
2. Verdad es que unas veces aprieta más que otras, y también es de
diferente manera; porque no se acuerda de la pena que ha de tener por
ellos, sino de cómo fue tan ingrata a quien tanto debe y a quien tanto
merece ser servido; porque en estas grandezas que le comunica,
entiende mucho más la de Dios. Espántase cómo fue tan atrevida;
llora su poco respeto; parécele una cosa tan desatinada su desatino,
que no acaba de lastimar jamás, cuando se acuerda por las cosas tan
bajas que dejaba una tan gran Majestad. Mucho más se acuerda de esto
que de las mercedes que recibe, siendo tan grandes como las dichas y
las que están por decir; parece que las lleva un río caudaloso y las
trae a sus tiempos; esto de los pecados está como un cieno, que
siempre parece se avivan en la memoria y es harto gran cruz.
3. Yo sé de una persona que, dejado de querer morirse por ver a
Dios, lo deseaba por no sentir tan ordinariamente pena de cuán
desagradecida había sido a quien tanto debió siempre y había de
deber; y así no le parecía podían llegar maldades de ninguno a las
suyas, porque entendía que no le habría a quien tanto hubiese sufrido
Dios y tantas mercedes hubiese hecho. En lo que toca a miedo del
infierno, ninguno tienen. De si han de perder a Dios, a veces
aprieta mucho; mas es pocas veces. Todo su temor es no las deje Dios
de su mano para ofenderle y se vean en estado tan miserable como se
vieron en algún tiempo; que de pena ni gloria suya propia, no tienen
cuidado, y si desean no estar mucho en purgatorio, es más por no
estar ausentes de Dios, lo que allí estuvieren, que por las penas
que han de pasar.
4. Yo no tendría por seguro, por favorecida que un alma esté de
Dios, que se olvidase de que en algún tiempo se vio en miserable
estado; porque, aunque es cosa penosa, aprovecha para muchas.
Quizá como yo he sido tan ruin, me parece esto, y ésta es la causa
de traerlo siempre en la memoria. Las que han sido buenas, no
tendrán que sentir, aunque siempre hay quiebras mientras vivimos en
este cuerpo mortal. Para esta pena ningún alivio es pensar que tiene
nuestro Señor ya perdonados los pecados y olvidados; antes añade a
la pena ver tanta bondad y que se hacen mercedes a quien no merecía
sino infierno. Yo pienso que fue éste un gran martirio en San Pedro
y la Magdalena; porque, como tenían el amor tan crecido y habían
recibido tantas mercedes y tenían entendida la grandeza y majestad de
Dios, sería harto recio de sufrir, y con muy tierno sentimiento.
5. También os parecerá que quien goza de cosas tan altas no tendrá
meditación en los misterios de la sacratísima Humanidad de nuestro
Señor Jesucristo, porque se ejercitará ya toda en amor. Esto es
una cosa que escribí largo en otra parte, y aunque me han contradecido
en ella y dicho que no lo entiendo, porque son caminos por donde lleva
nuestro Señor, y que cuando ya han pasado de los principios es mejor
tratar en cosas de la divinidad y huir de las corpóreas, a mí no me
harán confesar que es buen camino. Yo puede ser que me engañe y que
digamos todos una cosa; mas vi yo que me quería engañar el demonio
por ahí, y así estoy tan escarmentada que pienso, aunque lo haya
dicho más veces, decíroslo otra vez aquí, porque vayáis en esto
con mucha advertencia; y mirad que oso decir que no creáis a quien os
dijere otra cosa. Y procuraré darme más a entender, que hice en
otra parte; porque por ventura si alguno lo ha escrito, como él lo
dijo, si más se alargara en declararlo, decía bien; y decirlo así
por junto a las que no entendemos tanto, puede hacer mucho mal.
6. También les parecerá a algunas almas que no pueden pensar en la
Pasión; pues menos podrán en la sacratísima Virgen, ni en la vida
de los Santos, que tan gran provecho y aliento nos da su memoria. Yo
no puedo pensar en qué piensan; porque, apartados de todo lo
corpóreo, para espíritus angélicos es estar siempre abrasados en
amor, que no para los que vivimos en cuerpo mortal, que es menester
trate y piense y se acompañe de los que, teniéndole, hicieron tan
grandes hazañas por Dios; cuánto más apartarse de industria de todo
nuestro bien y remedio que es la sacratísima Humanidad de nuestro
Señor Jesucristo. Y no puedo creer que lo hacen, sino que no se
entienden, y así harán daño a sí y a los otros. Al menos yo les
aseguro que no entren a estas dos moradas postreras; porque si pierden
la guía, que es el buen Jesús, no acertarán el camino; harto
será si se están en las demás con seguridad. Porque el mismo
Señor dice que es camino; también dice el Señor que es luz, y que
no puede ninguno ir al Padre sino por El; y "quien me ve a mí ve a
mi Padre". Dirán que se da otro sentido a estas palabras. Yo no
sé esotros sentidos; con éste que siempre siente mi alma ser verdad,
me ha ido muy bien.
7. Hay algunas almas y son hartas las que lo han tratado conmigo que
como nuestro Señor las llega a dar contemplación perfecta,
querríanse siempre estar allí, y no puede ser; mas quedan con esta
merced del Señor de manera que después no pueden discurrir en los
misterios de la Pasión y de la vida de Cristo como antes. Y no sé
qué es la causa, mas es esto muy ordinario, que queda el
entendimiento más inhabilitado para la meditación. Creo debe ser la
causa, que como en la meditación es todo buscar a Dios, como una vez
se halla y queda el alma acostumbrada por obra de la voluntad a tornarle
a buscar, no quiere cansarse con el entendimiento. Y también me
parece que, como la voluntad esté ya encendida, no quiere esta
potencia generosa aprovecharse de estotra si pudiese; y no hace mal,
mas será imposible, en especial hasta que llegue a estas postreras
moradas, y perderá tiempo, porque muchas veces ha menester ser
ayudada del entendimiento para encender la voluntad.
8. Y notad, hermanas, este punto, que es importante, y así le
quiero declarar más: está el alma deseando emplearse toda en amor y
querría no entender en otra cosa, mas no podrá aunque quiera;
porque, aunque la voluntad no esté muerta, está mortecino el fuego
que la suele hacer quemar, y es menester quien le sople para echar
calor de sí. ¿Sería bueno que se estuviese el alma con esta
sequedad, esperando fuego del cielo que queme este sacrificio que está
haciendo de sí a Dios, como hizo nuestro Padre Elías? No, por
cierto, ni es bien esperar milagros. El Señor los hace cuando es
servido, por esta alma, como queda dicho y se dirá adelante; mas
quiere Su Majestad que nos tengamos por tan ruines que no merecemos
los haga, sino que nos ayudemos en todo lo que pudiéremos. Y tengo
para mí que hasta que muramos, por subida oración que haya, es
menester esto.
9. Verdad es que a quien mete ya el Señor en la séptima morada,
es muy pocas veces, o casi nunca, las que ha menester hacer esta
diligencia, por la razón que en ella diré, si se me acordare; mas
es muy continuo no se apartar de andar con Cristo nuestro Señor por
una manera admirable, adonde divino y humano junto es siempre su
compañía. Así que, cuando no hay encendido el fuego que queda
dicho en la voluntad ni se siente la presencia de Dios, es menester
que la busquemos; que esto quiere Su Majestad, como lo hacía la
Esposa en los Cantares, y que preguntemos a las criaturas quién las
hizo como dice San Agustín, creo, en sus Meditaciones o
Confesiones, y no nos estemos bobos perdiendo tiempo por esperar lo
que una vez se nos dio, que a los principios podrá ser que no lo dé
el Señor en un año, y aun en muchos; Su Majestad sabe el
porqué; nosotras no hemos de querer saberlo, ni hay para qué. Pues
sabemos el camino como hemos de contentar a Dios por los mandamientos y
consejos, en esto andemos muy diligentes, y en pensar su vida y
muerte, y lo mucho que le debemos; lo demás venga cuando el Señor
quisiere.
10. Aquí viene el responder que no pueden detenerse en estas
cosas, y por lo que queda dicho, quizá tendrán razón en alguna
manera. Ya sabéis que discurrir con el entendimiento es uno, y
representar la memoria al entendimiento verdades es otro. Decís,
quizá, que no me entendéis, y verdaderamente podrá ser que no lo
entienda yo para saberlo decir; mas dirélo como supiere. Llamo yo
meditación a discurrir mucho con el entendimiento de esta manera:
comenzamos a pensar en la merced que no hizo Dios en darnos a su único
Hijo, y no paramos allí, sino vamos adelante a los misterios de toda
su gloriosa vida; o comenzamos en la oración del Huerto y no para el
entendimiento hasta que está puesto en la cruz; o tomamos un paso de
la Pasión, digamos como el prendimiento, y andamos en este
misterio, considerando por menudo las cosas que hay que pensar en él y
que sentir, así de la traición de Judas, como de la huida de los
apóstoles y todo lo demás; y es admirable y muy meritoria oración.
11. Esta es la que digo que tendrán razón quien ha llegado a
llevarla Dios a cosas sobrenaturales y a perfecta contemplación;
porque como he dicho no sé la causa, mas lo más ordinario no podrá.
Mas no la tendrá, digo razón, si dice que no se detiene en estos
misterios y los trae presentes muchas veces, en especial cuando los
celebra la Iglesia Católica; ni es posible que pierda memoria el
alma que ha recibido tanto de Dios, de muestras de amor tan
preciosas, porque son vivas centellas para encenderla más en el que
tiene a nuestro Señor; sino que no se entiende, porque entiende el
alma estos misterios por manera más perfecta: y es que se los
representa el entendimiento, y estámpanse en la memoria de manera que
de sólo ver al señor caído con aquel espantoso sudor en el Huerto,
aquello le basta para no sólo una hora, sino muchos días, mirando
con una sencilla vista quién es y cuán ingratos hemos sido a tan gran
pena; luego acude la voluntad, aunque no sea con ternura, a desear
servir en algo tan gran merced y a desear padecer algo por quien tanto
padeció y a otras cosas semejantes, en que ocupa la memoria y el
entendimiento. Y creo que por esta razón no puede pasar a discurrir
más en la Pasión, y esto le hace parecer que no puede pensar en
ella.
12. Y si esto no hace, es bien que lo procure hacer, que yo sé
que no lo impedirá la muy subida oración, y no tengo por bueno que no
se ejercite en esto muchas veces. Si de aquí la suspendiere el
Señor, muy enhorabuena, que aunque no quiera la hará dejar en lo
que está. Y tengo por muy cierto que no es estorbo esta manera de
proceder, sino gran ayuda para todo bien, lo que sería si mucho
trabajase en el discurrir que dije al principio, y tengo para mí que
no podrá quien ha llegado a más. Ya puede ser que sí, que por
muchos caminos lleva Dios las almas; mas no se condenen las que no
pudieren ir por él, ni las juzguen inhabilitadas para gozar de tan
grandes bienes como están encerrados en los misterios de nuestro bien
Jesucristo; ni nadie me hará entender, sea cuan espiritual
quisiere, que irá bien por aquí.
13. Hay unos principios, y aun medios, que tienen algunas almas,
que como comienzan a llegar a oración de quietud y a gustar de los
regalos y gustos que da el Señor, paréceles que es muy gran cosa
estarse allí siempre gustando. Pues créanme y no se embeban tanto
como ya he dicho en otra parte que es larga la vida, y hay en ella
muchos trabajos, y hemos menester mirar a nuestro dechado Cristo,
cómo los pasó, y aun a sus apóstoles y Santos, para llevarlos con
perfección. Es muy buena compañía el buen Jesús para no nos
apartar de ella, y su Sacratísima Madre, y gustar mucho de que nos
dolamos de sus penas, aunque dejemos nuestro contento y gusto algunas
veces. Cuánto más, hijas, que no es tan ordinario el regalo en la
oración que no haya tiempo para todo; y la que dijere que es en un
ser, tendríalo yo por sospechoso, digo que nunca puede hacer lo que
queda dicho; y así lo tened y procurad salir de ese engaño y
desembeberos con todas vuestras fuerzas; y si no bastaren, decirlo a
la priora, para que os dé un oficio de tanto cuidado que se quite ese
peligro; que al menos para el seso y cabeza es muy grande, si durase
mucho tiempo.
14. Creo queda dado a entender lo que conviene, por espirituales
que sean, no huir tanto de cosas corpóreas que les parezca aún hace
daño la Humanidad sacratísima. Alegan lo que el Señor dijo a sus
discípulos, que convenía que El se fuese. Yo no puedo sufrir
esto. A osadas que no lo dijo a su Madre Sacratísima, porque
estaba firme en la fe, que sabía que era Dios y hombre, y aunque le
amaba más que ellos, era con tanta perfección, que antes la
ayudaba. No debían estar entonces los apóstoles tan firmes en la fe
como después estuvieron, y tenemos razón de estar nosotros ahora.
Yo os digo, hijas, que le tengo por peligroso camino y que podría el
demonio venir a hacer perder la devoción con el Santísimo
Sacramento.
15. El engaño que me pareció a mí que llevaba no llegó a tanto
como esto, sino a no gustar de pensar en nuestro Señor Jesucristo
tanto, sino andarme en aquel embebecimiento, aguardando aquel regalo.
Y vi claramente que iba mal; porque como no podía ser tenerle
siempre, andaba el pensamiento de aquí para allí, y el alma, me
parece, como un ave revolando que no halla adonde parar, y perdiendo
harto tiempo, y no aprovechando en las virtudes ni medrando en la
oración. Y no entendía la causa, ni la entendiera, a mi parecer,
porque me parecía que era aquello muy acertado, hasta que, tratando
la oración que llevaba con una persona sierva de Dios, me avisó.
Después vi claro cuán errada iba, y nunca me acaba de pesar de que
haya habido ningún tiempo que yo careciese de entender que se podía
malganar con tan gran pérdida; y cuando pudiera, no quiero ningún
bien, sino adquirido por quien nos vinieron todos los bienes. Sea
para siempre alabado, amén.
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