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1. De muchas maneras se comunica el Señor al alma con estas
apariciones; algunas, cuando está afligida; otras, cuando le ha de
venir algún trabajo grande; otras, por regalarse Su Majestad con
ella y regalarla. No hay para qué particularizar más cada cosa,
pues el intento no es sino dar a entender cada una de las diferencias
que hay en este camino, hasta donde yo entendiere, para que
entendáis, hermanas, de la manera que son y los efectos que dejan;
porque no se nos antoje que cada imaginación es visión, y porque
cuando lo sea, entendiendo que es posible, no andéis alborotadas ni
afligidas, que gana mucho el demonio y gusta en gran manera de ver
afligida e inquieta un alma, porque ve que le es estorbo para emplearse
toda en amar y alabar a Dios.
Por otras maneras se comunica Su Majestad harto más subidas y menos
peligrosas, porque el demonio creo no las podrá contrahacer, y así
se pueden mal decir, por ser cosa muy oculta, que las imaginarias
puédense más dar a entender.
2. Acaece, cuando el Señor es servido, estando el alma en
oración y muy en sus sentidos, venirle de presto una suspensión,
adonde le da el Señor a entender grandes secretos, que parece los ve
en el mismo Dios; que éstas no son visiones de la sacratísima
Humanidad, ni aunque digo que ve, no ve nada, porque no es visión
imaginaria, sino muy intelectual, adonde se le descubre cómo en Dios
se ven todas las cosas y las tiene todas en sí mismo. Y es de gran
provecho, porque, aunque pasa en un momento, quédase muy esculpido y
hace grandísima confusión, y vese más claro la maldad de cuando
ofendemos a Dios, porque en el mismo Dios digo, estando dentro en
El hacemos grandes maldades. Quiero poner una comparación, si
acertare, para dároslo a entender, que aunque esto es así y lo
oímos muchas veces, o no reparamos en ello, o no lo queremos
entender; porque no parece sería posible, si se entendiese como es,
ser tan atrevidos.
3. Hagamos ahora cuenta que es Dios como una morada o palacio muy
grande y hermoso y que este palacio, como digo, es el mismo Dios.
¿Por ventura puede el pecador, para hacer sus maldades, apartarse de
este palacio? No, por cierto; sino que dentro en el mismo palacio,
que es el mismo Dios, pasan las abominaciones y deshonestidades y
maldades que hacemos los pecadores. ¡Oh cosa temerosa y digna de gran
consideración y muy provechosa para los que sabemos poco, que no
acabamos de entender estas verdades, que no sería posible tener
atrevimiento tan desatinado! Consideremos, hermanas, la gran
misericordia y sufrimiento de Dios en no nos hundir allí luego, y
démosle grandísimas gracias, y hayamos vergüenza de sentirnos de
cosa que se haga ni se diga contra nosotras; que es la mayor maldad del
mundo ver que sufre Dios nuestro Criador tantas a sus criaturas dentro
en Sí mismo y que nosotras sintamos alguna vez una palabra que se dijo
en nuestra ausencia y quizá con no mala intención.
4. ¡Oh miseria humana! ¿Hasta cuándo, hijas, imitaremos en
algo este gran Dios? ¡Oh!, pues no se nos haga ya que hacemos nada
en sufrir injurias, sino que de muy buena gana pasemos por todo y
amemos a quien nos las hace, pues este gran Dios no nos ha dejado de
amar a nosotras aunque le hemos mucho ofendido, y así tiene muy gran
razón en querer que todos perdonen por agravios que los hagan.
Yo os digo, hijas, que aunque pasa de presto esta visión, que es
una gran merced que hace nuestro Señor a quien la hace, si se quiere
aprovechar de ella, trayéndola presente muy ordinario.
5. También acaece, así muy de presto y de manera que no se puede
decir, mostrar Dios en sí mismo una verdad, que parece deja
oscurecidas todas las que hay en las criaturas, y muy claro dado a
entender que El solo es verdad que no puede mentir; y dase bien a
entender lo que dice David en un salmo, que todo hombre es mentiroso,
lo que no se entendiera jamás así, aunque muchas veces se oyera. Es
verdad que no puede faltar. Acuérdaseme de Pilatos lo mucho que
preguntaba a nuestro Señor cuando en su Pasión le dijo qué era
verdad, y lo poco que entendemos acá de esta suma Verdad.
6. Yo quisiera poder dar más a entender en este caso, mas no se
puede decir. Saquemos de aquí, hermanas, que para conformarnos con
nuestro Dios y Esposo en algo, será bien que estudiemos siempre
mucho de andar en esta verdad. No digo sólo que no digamos mentira,
que en eso, gloria a Dios, ya veo que traéis gran cuenta en estas
casas con no decirla por ninguna cosa; sino que andemos en verdad
delante de Dios y de las gentes de cuantas maneras pudiéremos, en
especial no queriendo nos tengan por mejores de lo que somos, y en
nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotras lo que es
nuestro, y procurando sacar en todo la verdad, y así tendremos en
poco este mundo, que es todo mentira y falsedad, y como tal no es
durable.
7. Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor
tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante a mi
parecer sin considerarlo, sino de presto esto: que es porque Dios es
suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande
no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien
esto no entiende, anda en mentira. A quien más lo entienda agrada
más a la suma Verdad, porque anda en ella. Plega a Dios,
hermanas, nos haga merced de no salir jamás de este propio
conocimiento, amén.
8. De estas mercedes hace nuestro Señor al alma, porque como a
verdadera esposa, que ya está determinada a hacer en todo su
voluntad, le quiere dar alguna noticia de en qué la ha de hacer y de
sus grandezas. No hay para qué tratar de más, que estas dos cosas
he dicho por parecerme de gran provecho; que en cosas semejantes no hay
que temer, sino que alabar al Señor porque las da; que el demonio,
a mi parecer, ni aun la imaginación propia, tienen aquí poca
cabida, y así el alma queda con gran satisfacción.
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