|
1. Ahora, pues, decimos que esta mariposica ya murió, con
grandisima alegría de haber hallado reposo, y que vive en ella
Cristo. Veamos qué vida hace, o qué diferencia hay de cuando ella
vivía; porque en los efectos veremos si es verdadero lo que queda
dicho. A lo que puedo entender, son los que diré:
2. El primero un olvido de sí, que verdaderamente parece ya no es,
como queda dicho; porque toda está de tal manera que no se conoce ni
se acuerda que para ella ha de haber cielo ni vida ni honra, porque
toda está empleada en procurar la de Dios, que parece que las
palabras que le dijo Su Majestad hicieron efecto de obra, que fue que
mirase por sus cosas, que El miraría por las suyas. Y así, de
todo lo que puede suceder no tiene cuidado, sino un extraño olvido,
que como digo parece ya no es ni querría ser en nada nada, si no es
para cuando entiende que puede haber por su parte algo en que acreciente
un punto la gloria y honra de Dios, que por esto pondría muy de buena
gana su vida.
3. No entendáis por esto, hijas, que deja de tener cuenta con
comer y dormir, que no le es poco tormento, y hacer todo lo que está
obligada conforme a su estado; que hablamos en cosas interiores, que
de obras exteriores poco hay que decir, que antes ésa es su pena ver
que es nada lo que ya pueden sus fuerzas. En todo lo que puede y
entiende que es servicio de nuestro Señor, no lo dejaría de hacer
por cosa de la tierra.
4. Lo segundo un deseo de padecer grande, mas no de manera que la
inquiete como solía; porque es en tanto extremo el deseo que queda en
estas almas de que se haga la voluntad de Dios en ellas, que todo lo
que Su Majestad hace tienen por bueno: si quisiere que padezca,
enhorabuena; si no, no se mata como solía.
5. Tienen también estas almas un gran gozo interior cuando son
perseguidas, con mucha más paz que lo que queda dicho, y sin ninguna
enemistad con los que las hacen mal o desean hacer; antes les cobran
amor particular, de manera que si los ven en algún trabajo lo sienten
tiernamente, y cualquiera tomarían por librarlos de él, y
encomiéndanlos a Dios muy de gana, y de las mercedes que les hace Su
Majestad holgarían perder por que se las hiciese a ellos, porque no
ofendiesen a nuestro Señor.
6. Lo que más me espanta de todo, es que ya habéis visto los
trabajos y aflicciones que han tenido por morirse, por gozar de nuestro
Señor; ahora es tan grande el deseo que tienen de servirle y que por
ellas sea alabado, y de aprovechar algún alma si pudiesen, que no
sólo no desean morirse, mas vivir muy muchos años padeciendo
grandísimos trabajos, por si pudiesen que fuese el Señor alabado por
ellos, aunque fuese en cosa muy poca. Y si supiesen cierto que en
saliendo el alma del cuerpo ha de gozar de Dios, no les hace al caso,
ni pensar en la gloria que tienen los santos; no desean por entonces
verse en ella: su gloria tienen puesta en si pudiesen ayudar en algo al
Crucificado, en especial cuando ven que es tan ofendido, y los pocos
que hay que de veras miren por su honra, desasidos de todo lo demás.
7. Verdad es que algunas veces que se olvida de esto tornan con
ternura los deseos de gozar de Dios y desear salir de este destierro,
en especial viendo lo poco que le sirve; mas luego torna y mira en sí
misma con la continuanza que le tiene consigo, y con aquello se
contenta y ofrece a Su Majestad el querer vivir, como una ofrenda la
más costosa para ella que le puede dar.
Temor ninguno tiene de la muerte, más que tendría de un suave
arrobamiento. El caso es que el que daba aquellos deseos con tormento
tan excesivo, da ahora estotros. Sea por siempre bendito y alabado.
8. El fin es que los deseos de estas almas no son ya de regalos ni de
gustos, como tienen consigo al mismo Señor, y Su Majestad es el
que ahora vive. Claro está que su vida no fue sino continuo
tormento, y así hace que sea la nuestra, al menos con los deseos,
que nos lleva como a flacos en lo demás; aunque bien les cabe de su
fortaleza cuando ve que la han menester.
Un desasimiento grande de todo y deseo de estar siempre o solas u
ocupadas en cosa que sea provecho de algún alma. No sequedades ni
trabajos interiores, sino con una memoria y ternura con nuestro
Señor, que nunca querría estar sino dándole alabanzas; y cuando se
descuida, el mismo Señor la despierta de la manera que queda dicho,
que se ve clarísimamente que procede aquel impulso, o no sé cómo le
llame, de lo interior del alma, como se dijo de los ímpetus. Acá
es con gran suavidad, mas ni procede del pensamiento, ni de la
memoria, ni cosa que se pueda entender que el alma hizo nada de su
parte. Esto es tan ordinario y tantas veces que se ha mirado bien con
advertencia, que así como un fuego no echa la llama hacia abajo, sino
hacia arriba, por grande que quieran encender el fuego, así se
entiende acá que este movimiento interior procede del centro del alma y
despierta las potencias.
9. Por cierto, cuando no hubiera otra cosa de ganancia en este
camino de oración, sino entender el particular cuidado que Dios tiene
de comunicarse con nosotros y andarnos rogando que no parece esto otra
cosa que nos estemos con El, me parece eran bien empleados cuantos
trabajos se pasan por gozar de estos toques de su amor, tan suaves y
penetrativos.
Esto habréis, hermanas, experimentado; porque pienso, en llegando
a tener oración de unión, anda el Señor con este cuidado, si
nosotros no nos descuidamos de guardar sus mandamientos. Cuando esto
os acaeciere, acordaos que es de esta morada interior, adonde está
Dios en nuestra alma, y alabadle mucho; porque, cierto, es suyo
aquel recaudo o billete escrito con tanto amor, y de manera que sólo
vos quiere entendáis aquella letra y lo que por ella os pide, y en
ninguna manera dejéis de responder a Su Majestad, aunque estéis
ocupadas exteriormente y en conversación con algunas personas; porque
acaecerá muchas veces en público querer nuestro Señor haceros esta
secreta merced, y es muy fácil como ha de ser la respuesta interior
hacer lo que digo haciendo un acto de amor, o decir lo que San
Pablo: ¿qué queréis, Señor, que haga? de muchas maneras os
enseñará allí con qué le agradéis y es tiempo acepto; porque
parece se entiende que nos oye, y casi siempre dispone el alma este
toque tan delicado para poder hacer lo que queda dicho con voluntad
determinada.
10. La diferencia que hay aquí en esta morada es lo dicho: que
casi nunca hay sequedad ni alborotos interiores de los que había en
todas las otras a tiempos, sino que está el alma en quietud casi
siempre; el no temer que esta merced tan subida puede contrahacer el
demonio, sino estar en un ser con seguridad que es Dios; porque como
está dicho no tienen que ver aquí los sentidos ni potencias, que se
descubrió Su Majestad al alma y la metió consigo adonde, a mi
parecer, no osará entrar el demonio ni le dejará el Señor; ni
todas las mercedes que hace aquí al alma como he dicho son con ningún
ayuda de la misma alma, sino la que ya ella ha hecho de entregarse toda
a Dios.
11. Pasa con tanta quietud y tan sin ruido todo lo que el Señor
aprovecha aquí al alma y la enseña, que me parece es como en la
edificación del templo de Salomón, adonde no se había de oír
ningún ruido; así en este templo de Dios, en esta morada suya,
sólo El y el alma se gozan con grandísimo silencio. No hay para
qué bullir ni buscar nada el entendimiento, que el Señor que le
crió le quiere sosegar aquí, y que por una resquicia pequeña mire lo
que pasa; porque aunque a tiempos se pierde esta vista y no le dejan
mirar, es poquísimo intervalo; porque, a mi parecer, aquí no se
pierden las potencias, mas no obran, sino están como espantadas.
12. Yo lo estoy de ver que en llegando aquí el alma todos los
arrobamientos se le quitan, si no es alguna vez, el quitarse llama
aquí cuanto a perder los sentidos), y ésta no con aquellos
arrebatamientos y vuelo de espíritu, y son muy raras veces y ésas
casi siempre no en público como antes, que era muy ordinario; ni le
hacen al caso grandes ocasiones de devoción que vea, como antes, que
si ven una imagen devota u oyen un sermón que casi no era oírle o
música, como la pobre mariposilla andaba tan ansiosa, todo la
espantaba y hacía volar. Ahora, o es que halló su reposo, o que el
alma ha visto tanto en esta morada que no se espanta de nada, o que no
se halla con aquella soledad que solía, pues goza de tal compañía;
en fin, hermanas, yo no sé qué sea la causa, que en comenzando el
Señor a mostrar lo que hay en esta morada y metiendo el alma allí,
se les quita esta gran flaqueza que les era harto trabajo, y antes no
se quitó. Quizá es que la ha fortalecido el Señor y ensanchado y
habilitado; o pudo ser que quería dar a entender en público lo que
hacía con estas almas en secreto, por algunos fines que Su Majestad
sabe, que sus juicios son sobre todo lo que acá podemos imaginar.
13. Estos efectos, con todos los demás que hemos dicho que sean
buenos en los grados de oración que quedan dichos, da Dios cuando
llega el alma a Sí, con este ósculo que pedía la Esposa, que yo
entiendo aquí se le cumple esta petición. Aquí se dan las aguas a
esta cierva, que va herida, en abundancia. Aquí se deleita en el
tabernáculo de Dios. Aquí halla la paloma que envió Noé a ver si
era acabada la tempestad, la oliva, por señal que ha hallado tierra
firme dentro en las aguas y tempestades de este mundo. ¡Oh Jesús!
Y ¡quién supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber
para dar a entender esta paz del alma! Dios mío, pues veis lo que
nos importa, haced que quieran los cristianos buscarla, y a los que la
habéis dado, no se le quitéis, por vuestra misericordia; que, en
fin, hasta que les deis la verdadera, y las llevéis adonde no se
puede acabar, siempre se ha de vivir con temor. Digo la verdadera,
no porque entienda ésta no lo es, sino porque se podría tornar la
guerra primera, si nosotros nos apartásemos de Dios.
14. Mas ¿qué sentirán estas almas de ver que podrían carecer de
tan gran bien? Esto les hace andar más cuidadosas y procurar sacar
fuerzas de su flaqueza, para no dejar cosa que se les pueda ofrecer,
para más agradar a Dios, por culpa suya. Mientras más favorecidas
de Su Majestad, andan más acobardadas y temerosas de sí. Y como
en estas grandezas suyas han conocido más sus miserias y se les hacen
más graves sus pecados, andan muchas veces que no osan alzar los
ojos, como el publicano; otras con deseos de acabar la vida por verse
en seguridad, aunque luego tornan, con el amor que le tienen, a
querer vivir para servirle como queda dicho y fían todo lo que les toca
de su misericordia. Algunas veces las muchas mercedes las hacen andar
más aniquiladas, que temen que, como una nao que va muy demasiado de
cargada se va a lo hondo, no les acaezca así.
15. Yo os digo, hermanas, que no les falta cruz, salvo que no las
inquieta ni hace perder la paz, sino pasan de presto, como una ola,
algunas tempestades, y torna bonanza; que la presencia que traen del
Señor les hace que luego se les olvide todo. Sea por siempre bendito
y alabado de todas sus criaturas, amén.
|
|